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sábado, 30 de junio de 2012

PREVIENDO EL FUTURO: RESEÑA DE "SOLO YO ME SALVO"


ANALIZANDO EL PRESENTE, PREVIENDO EL FUTURO
Gonzalo Martínez Camino
(Universidad de Cantabria)

En el epílogo auto-exculpatorio que sigue a estas ocho trabajadas narraciones, el autor desea excusarse por la heterogeneidad de los textos y, al mismo tiempo, explicar algunas cosas de su génesis. Sin embargo, el lector puede encontrarse con elementos comunes no solo a las ocho historias, sino también a la narrativa de Villar Flor. La amenidad y el humor son un ejemplo; la gratificación de unas tramas bien construidas, que dosifican la información para intrigar al lector y que este mantenga su atención sin dificultad; los personajes están bien caracterizados, son figuras con fuerza propia con los que es fácil establecer un vínculo intelectual o emocional. En definitiva, el autor perfila en estas narraciones a un ramillete de personajes atractivos y, a veces, rotundos, cuyas actuaciones llevan al lector a viajar por historias interesantes, edificantes e inquietantes, pero trabadas sin fisuras en las que vivirán situaciones diversas, pero siempre peculiares, cuando no pintorescas, y seductoras.
            Todo esto se encuentra subordinado a la enorme capacidad del autor para la observación y disección, a veces amable, como en Mientras ella sea clara, a veces despiadada como en Calle Menor, no de lo normal, sino de los monstruos que engendra el sueño humano de normalidad, de lo que, con el sociólogo norteamericano Harold Garfinkel, podríamos denominar los métodos o prácticas para construir cauces colectivos que normalicen nuestras conductas. Villar Flor es un agudo observador de las distintas formas de irracionalidad y mezquindad que se esconden en los métodos a través de los cuales sus personajes se esfuerzan en ser «tribu» y sus narraciones buscan darle la vuelta como si fueran un calcetín.
            La novella que da título al libro comienza cuando el nonagenario monje Malaquías Winkle se despierta en una casa que no conoce ante el espectáculo de la «bestia con cuatro piernas enredadas». Las cuatro piernas son las de una pareja de personajes que le acogen en su casa mientras el estado decide qué va a hacer con esta persona a la que no se le ha aplicado la preceptiva eutanasia al cumplir los setenta y un años, edad a la que un Comité Nacional de Bioética “formado por científic@s, premios planeta y lo mejorcito del mundo del espectáculo” ha decido que las personas dejan de aportar a la sociedad para convertirse en cargas. La narración abarca el lapso que es necesario para que el gobierno de la III República Española decida cómo afrontar esta situación. Durante el mismo, el autor aprovecha la relación entre el protagonista y sus «anfitriones» para pasar revista a distintos aspectos de esa futura sociedad española y sus instituciones: su sistema educativo, su sistema de justicia, su tecnología, sus religiones, sus cosmovisión, etc. El lector podrá, en consecuencia, disfrutar de una distopía o utopía negativa. La base de la misma es la proyección que Villar Flor hace de ciertos rasgos negativos de  nuestro presente hacía un futuro posible.
            En este sentido, Solo yo me salvo emparenta con algunas obras maestras del siglo XX: 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451, etc., pero haciendo una aportación que no es pequeña, su humor satírico; este la diferencia de todas estas obras y la enraíza en la visión desengañada del mundo tan propia, desde el Lazarillo, de la tradición cultural española. Esta imagen inicial de “cuatro piernas enredadas en una cama y nadie sabe de quién es cual”, que Villar Flor toma de C.S. Lewis, puede ayudarnos a comprender en qué consiste la naturaleza de su sátira: buscar el revés de lo cotidiano, buscar los monstruos que se esconden tras los esfuerzos humanos por construir lo ordinario. El monje Malaquías es el «instrumento» retórico que utiliza para poder observar, desde la distancia del forastero, los modos de hacer de una cultura occidental y cristiana que antes era la suya, pero que ha evolucionado hasta hacerse irreconocible. En este sentido, la incomprensión y el anonadamiento que producen en él la visión de esta escena inicial es sintomática de la perplejidad con la que se va a enfrentar a este nuevo mundo.
            Lo que para los miembros de esa cultura es perfectamente lógico, no deja de estar plagado de contradicciones y absurdos, las de una sociedad que es tan tolerante que no puede tolerar nada que no responda a su propia ideología, pues resultaría aceptar una rebaja en los estándares éticos, excepto, por mor del multiculturalismo tolerante, la propia intolerancia de un islamismo radical y militante. Ahí es donde el autor inca su «bisturí» satírico y nos permite a nosotros, los lectores, reírnos con cosas que, en el fondo, serían capaces de hacernos llorar. No obstante, no debemos engañarnos, esta obra no pretende ser un efímero «escarnio» de un efímero obnubilamiento ideológico en el que la sociedad española habría caído momentáneamente durante unos años. La conversión del sistema judicial en un espectáculo mediático, la permisividad de comportamientos tiránicos en niños y adolescentes por el miedo a que los adultos se comporten de forma tiránica con ellos, el planteamiento de la eutanasia como solución a los desafíos demográficos son problemas que van más allá del propio zapaterismo, o dicho de otra manera, el zapaterismo no deja de ser una plasmación epifenoménica de lo que Daniel Bell llamó las contradicciones culturales del capitalismo, propias de una sociedad del espectáculo (Debord) que se adentra en la era del vacío (Lypovetsky). En este sentido, creemos que la sátira de Villar Flor cumple el papel de desvelarnos este inconsciente político que anida tras el «marketing electoral» de las ocurrencias zapateriles.
      El etnolingüista británico Philip Riley comenta que la globalización produce el curioso efecto de que en muchos lugares la «extranjería» sea la forma de identidad predominante y que lo extraño sea lo «local», lo arraigado. El inconsciente político que, a mi juicio, permite la peripecia narrativa de “Menores acompañados”, “El convite de Brian”, y yo añadiría el “No estamos en Irak (nadie se salva)”, es el de la anomia (post)moderna: la ausencia de normas culturales que permita al sujeto la percepción de una matriz social en la que reconocer una identidad colectiva y construir una identidad individual. A mi juicio, es la incapacidad de una cultura para ofrecer una explicación o sentido transcendentes de la existencia la que conduce a esta situación de anomia. La trama de “Noche zamorana” se estructura sobre la base de esta necesidad existencial que nuestra cultura es incapaz de satisfacer. De la anomia y de la «intranscendencia» propias de nuestra cultura, brota la incomunicación y la perplejidad que son el humus del que brota la narración de “La ballena de Jonás”.
    Creo que estos rasgos de nuestra cultura son las claves que nos permiten comprender el ejercicio satírico que Villar Flor lleva a cabo en la distopía Solo yo me salvo: anomia, desestructuración cultural, desorientación moral y ética e incomunicación. ¿Dónde está la salvación? En la colección hay lugar para el optimismo. Nos la ofrecen los relatos sobre la sorprendente conducta de Bonifacio. Cuanto más sorprendente nos resulte más cerca estaremos del mundo que tan extraño le resulta a Malaquías Winkle.


En Fábula, 32, pp. 82-84.

DÍA INTERNACIONAL SIN POLÍTICOS



Nos embaucan, nos engañan, nos prometen lo que no piensan cumplir; nos crispan y nos manipulan, nos sacan a la calle o nos encierran en casa; malgastan nuestro dinero, se lo dan a amiguetes, cuñados y banqueros y nos llevan a la quiebra, no sin antes asignarse sueldos astronómicos y, en su caso, vitalicios. Han convertido nuestra supuesta libertad, tan cara, en un dilema bizantino entre tonalidades del mismo color. Y, a pesar de todo, nosotros seguimos pendientes del menor de sus gestos, del más ligero matiz de sus interminables discursos. Y los medios de información, los que nos dictan de qué hay que hablar, nos los mantienen hasta en la sopa, dedicándoles un espacio preferente.
            En efecto, desde la primera página del periódico (sea de pago, gratuito o virtual), nos acechan los profesionales de la política, ora locales, gremiales, universitarios, sindicalistas, regionales, autonómicos, nacionales, europeos o mundiales. Ahí están, chupando cámara, omnipresentes, sonriendo en el centro de la foto –aunque haya que desplazar al deportista o al artista que protagoniza el evento–, recreándose en su ubicuidad. Con asociaciones de vecinos, con oenegés, con colegios profesionales, inaugurando metros de autovía, polideportivos rurales o aeropuertos fantasma, o participando en una de las numerosísimas cumbres internacionales donde nada (bueno) se decide. En prensa, radio, televisión e internet, lanzando al viento declaraciones anodinas, mentirosas o efímeras, cuando no completas boutades.
             
 Por contraste, fijémonos en el sufrido artista, y más en concreto, en el pequeño y mediano escritor. Dejándose la piel en el camino (o la sangre en el papel, como Víctor Manuel), nuestro pyme consigue escribir su libro. Si no contamos las décadas de digestión de cientos o miles de lecturas, al menos hay que considerar los años que le ha llevado escribirlo. A esos súmense los que ha tardado en conseguir editor, algo que al clásico pyme le suele costar lo suyo. Pues bien, a pesar de toda la confabulación de elementos, el escritor ha dado a luz a su criatura: es un acontecimiento memorable, un triunfo del espíritu, un evento digno de celebración. Pero claro, el camino no ha hecho más que empezar: ahora viene otra fase, la de darlo a conocer, sin la cual este prodigio del alma humana se pudrirá en el olvido al poco de nacer, sepultado entre los miles de títulos comerciales que se publican en un país como España. Los medios deberían, pues, hacerse eco. Pero no hay espacio. Los políticos (y después el fútbol) no dejan apenas hueco para noticias de cultura, a menos que sean ellos quienes presenten o patrocinen; así, el escaso pastel de las páginas culturales ha de ser repartido entre las novedades de las grandes editoriales, que para eso se anuncian, o las de los allegados. Y así, el pobre escritor que acaba de parir con sangre, sudor y lágrimas se tiene que contentar, si hay suerte, con una columnita en su diario local, y con el completo silencio en el nacional.

            Ante este problema, propongo un comienzo de solución: que los medios de comunicación se comprometan a dedicar un día al año (para empezar) a una completa ignorancia de todo lo que huela a política. Algo así como el Día Internacional Sin Políticos. En el inmenso hueco informativo que quedaría esa jornada, se podría aprovechar para dar voz a un puñado de esos pequeños y medianos escritores que no tienen cabida en la prensa habitual, para que puedan hablar de su arte, de sus libros, que es lo mismo que hablar de sus sueños y de su visión. Un solo día sería poco, sin duda, pero podría constituir un buen comienzo. Quizá el público empezara a cogerle gusto a eso de desayunarse con las reflexiones a largo plazo de un escritor, antes que con las improvisaciones oportunistas de turno.
            Así que, ya sabes, amigo lector. Sin conoces a algún profesional de la comunicación, pásalo: Día Internacional Sin Políticos. Ya.

(Editorial de Fábula 32)

jueves, 21 de junio de 2012

PRESENTACIÓN FÁBULA 32 CON FERNANDO SCHWARTZ

Andres Pascual, Fernando Schwartz y el menda. Foto Ascen Jiménez
Algunas fotos del acto de presentación de la revista Fábula, 32, celebrado el 19 de junio de 2012 en el Salón de Actos de Ibercaja de Logroño.
Fernando firma libros. Foto Ascen Jiménez
Con Ascen y Eugenio. Foto A. Jiménez

Una vista del llenazo. Foto: Justo Rodríguez. La Rioja

MARTA RIVERA DE LA CRUZ: UNA CARRERA DE FONDO


“El oficio de escritor es una carrera de fondo”
El martes 5 de junio, Marta Rivera de la Cruz, finalista del Premio Planeta 2006, clausuró el III Taller de creación y crítica literarias.

La invitada comenzó explicando cuáles son, desde su propia vivencia, las funciones principales de la literatura: entretener, aprender más de uno mismo y del mundo y evadirse de una situación desagradable.
Foto y notas, Ascen Jiménez

La escritora afirmó que “solo hay una manera de aprender a escribir: leyendo y escribiendo”, pero se debe leer “con un destornillador en la mano”, usando la expresión de García Márquez, es decir, hay que esforzarse por averiguar los elementos que han convertido a una obra o a un pasaje en un texto que atrapa. Recordó algunos de sus primeros libros infantiles, como Las travesuras de Guillermo. El Werther, que leyó a los quince años, supuso un punto de inflexión: entendió que la literatura podía ser una forma de conocimiento propio, de aprendizaje de la sensibilidad, no solo un entretenimiento.
Marta Rivera de la Cruz explicó que el oficio de escritor no es “un sprint sino una carrera de fondo”, en la que la novela que cuenta es siempre la última y ejemplificó esta idea con su experiencia: su primera novela, Que veinte años no es nada, obtuvo el Premio Ateneo de Sevilla y un gran éxito de ventas y de crítica. Sin embargo, las dos siguientes no corrieron la misma suerte, por lo que pasó cinco años en los que únicamente escribía por encargo para poder subsistir. Por suerte, una anécdota le hizo reaccionar: una editorial le pidió que hiciera de “negro” para un personaje conocido; rechazó la oferta, pero esta le hizo replantearse su vocación, y el fruto fue su novela En tiempo de prodigios, con la quedó finalista del Premio Planeta en 2006, hecho que le ha cambiado la vida. Sin embargo, confiesa que “sigo viviendo la bonanza desde la distancia”.
Además, la escritora aprovechó para hacer una crítica de la edición en España: se publican demasiados libros cada año y habría que plantearse cuántos títulos puede asumir nuestro país. Las cifras de ventas que publicitan las editoriales suelen estar infladas: 2.000 ejemplares vendidos sería una cifra aceptable; 10.000 ya supone un éxito editorial; 50.000 te convierten en best-seller. Cuando una editorial anuncia que tal autor ha vendido 150.000, suele ser una especie de hipérbole. Por otro lado, las editoriales deberían racionalizar el precio de los libros electrónicos, ya que los costes son mucho menores que en papel. Que un libro electrónico cueste unos 16 € es un abuso, y una muestra de codicia por parte de las editoriales.

miércoles, 13 de junio de 2012

FÁBULA, NÚMERO 32


Reproduzco noticia aparecida hoy en diversos medios riojanos.

El número 32 de 'Fábula' homenajea al poeta Carlos Pujol

El escritor Fernando Schwartz apadrinará la presentación de la publicación literaria el próximo 19 de junio

La Asociación Riojana de Lectores Escritores y Artistas (ARLEA) ha publicado el número 32 de 'Fábula', la revista literaria de la Universidad de La Rioja. En este número se ofrece un homenaje coral al poeta Carlos Pujol, recientemente fallecido, con aportaciones de José Manuel Lara Bosch y Andrés Trapiello, entre otros. El escritor Fernando Schwartz apadrinará la presentación de Fábula el 19 de junio.
Dirigida por Carlos Villar Flor, profesor de Filología Inglesa, y co-editada por la Asociación Riojana de Lectores, Escritores y Artistas (ARLEA) y la Universidad de La Rioja, en esta ocasión, Fábula incluye un extenso homenaje al recientemente fallecido Carlos Pujol, uno de los escritores españoles contemporáneos más fecundos.
El tributo se lleva a cabo de la mano de ocho voces destacadas en la literatura actual que destacan otras tantas facetas de Pujol: el poeta Manuel Ballesteros destaca los versos del fallecido; Alberto Blecua, destacado filólogo, recuerda al miembro del jurado del Premio Planeta; el escritor Enrique García-Máiquez ofrece una selección de aforismos de Pujol; el traductor Juan-Andrés Iglesias subraya al Pujol traductor del francés, inglés, italiano y catalán al castellano; José Manuel Lara Bosch, presidente del Grupo Planeta, destaca algunos de los valores humanos de Pujol; el escritor y articulista Valentí Puig rememora al escritor, influido por los grandes autores europeos; el escritor Rafael Reig enfatiza al novelista y su influjo o 'pujolina'; Andrés Trapiello, novelista y poeta, pondera los versos de Pujol.
Además, 'Fábula' incluye un relato de Medardo Fraile, uno de los cuentistas españoles de mayor relevancia; y la traducción de tres poemas de Tal Nitzan, destacada poeta israelí. La sección 'Se busca poeta' ofrece una selección de los poemas de Ana Vega, una joven ovetense con una prometedora trayectoria como escritora.
Manuel Prendes Guardiola recupera dentro de 'Academia' la importancia del Inca Garcilaso de la Vega, quien es propuesto como modelo para conocer la prosa renacentista, ya que el dinamismo de su obra La Florida puede recordar «al lector de hoy la misma sensación que la narración de aventuras».
El número 32 de la revista literaria 'Fábula' se presentará en un acto organizado junto al Aula de Cultura de Diario LA RIOJA y contará con la presencia de Fernando Schwartz, quien, bajo el título 'Novelar la historia', hablará sobre cómo hacer ficción siendo respetuoso con la realidad de un país (en este caso la historia reciente que aborda en su último libro). Será el martes 19 a las 20 horas en el salón de actos del centro cultural de Ibercaja.
 
 
Enlaces:

martes, 5 de junio de 2012

III TALLER DE CREACIÓN Y CRÍTICA: ROCIO ARANA Y RICARDO MORA


“Escribir un diálogo es echar a volar a los personajes”
 Durante la tarde del 22 de mayo tuvo lugar la sexta sesión del III Taller de Crítica y Creación Literarias. Comenzó con la lectura de dos fragmentos de posibles novelas de sendas asistentes, que fueron comentados por el resto de compañeros. Eran escritos muy diferentes en el tono, el tema, los personajes, etc., pero que, a pesar de encontrarse en una primera fase, habían sido elaborados con sumo cuidado.
Tras este ejercicio, Rocío Arana, profesora de la UNIR y poeta, comenzó su taller titulado “El diálogo en la narrativa”, en el que explicó las claves para crear un diálogo que aporte dinamismo y verosimilitud a la narración. Para lograr esto, recalcó la necesidad de tener un profundo conocimiento previo de los personajes que van a hablar, porque “al igual que escribir es jugar con las palabras, escribir un diálogo es echar a volar a los personajes”. Del mismo modo, destacó la importancia de la naturalidad —sin caer en lo vulgar—, que el diálogo suene a habla real, es decir, empleando frases cortas, titubeos, interjecciones, palabras rotas, etc. También habló de cómo dosificar el suspense para que resulte más efectivo. 
 En la última parte de esta sesión, Rocío Arana indujo a los asistentes a poner en práctica sus consejos, para lo cual propuso tres situaciones diferentes con las que crear otros tantos diálogos.
“Hay que asomarse a los márgenes”
El pasado martes, día 29, Ricardo Mora dirigió la penúltima sesión del taller. Bajo el título “Los márgenes del canon”, Ricardo Mora incitó a los asistentes a conocer las obras que se consideran recomendables, pero también a buscar otras que se encuentran fuera de este marco por varias razones.
En primer lugar, los cánones siempre están condicionados por diversos factores, como la publicidad, los premios, las editoriales, la visibilidad en las librerías, el haber sido reseñados, el boca a boca, etc. Todos estos elementos llevan a cabo una selección, por lo que si nos guiamos exclusivamente por ellos, solo conoceremos una pequeña parte de los libros que se escriben.
En segundo lugar, los cánones cambian con el paso de tiempo (todos conocemos a autores que en algún momento han sido muy valorados, pero que han perdido vigencia con los años), también los gustos varían: la temática, el estilo, el lenguaje, etc.
Además, en otros países hay personas o instituciones que han logrado la suficiente autoridad para marcar el canon, para elegir qué leer o no leer, como es el caso del crítico Harold Bloom; pero en España no parece haber un magisterio claro en este asunto.
Por todas estas razones, cada lector debe conocer las obras “recomendables”, pero también asomarse a los márgenes (escritores olvidados, géneros poco conocidos…). De este modo podrá elaborar su propio canon y enriquecerlo.
(Fotos y notas: Ascen Jiménez)

sábado, 2 de junio de 2012

EL MATRIMONIO AUTOSEXUAL

En un pasaje de mi última novela, Solo yo me salvo, Cruz le explica al estupefacto Malaquías Winkle que en la España Tolerante de mediados del siglo XXI existe una modalidad de matrimonio llamada "matrimonio autosexual". El pasaje dice así:

Agradezco a Araceli Villalba la referencia
–Entonces...si no lo entiendo mal –interrumpió tímidamente Fray Malaquías– matrimonio autosexual es de uno... consigo mismo.
–Bueno, casi. De un@ consig@ mism@, para ser exact@s. Hay personas cuyo gran amor son ellas mismas. No hay ninguna razón que justifique la tiranía del número "dos" en el matrimonio...

(p. 59)


Pues bien, muy a mi pesar, he vuelto a ser profético. Ya existe el "matrimonio autosexual". Nadine Schweiger, profesora de Yoga de Dakota del Norte, se ha "casado" consigo misma. Más detalles es

http://vidayestilo.terra.cl/mujer/amor/profesora-de-yoga-de-se-casa-con-ella-misma-mira,779fde4d44497310VgnVCM20000099cceb0aRCRD.html



Como explico en el epílogo del libro, había que publicarlo cuanto antes, para preservar algo de originalidad en los disparates que ahí se presentan.