SALUDOS, LECTORES...

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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Navidad 2013 y un breve balance

Navidad y un año que termina. Son días en que es preciso oír el silencio interior y echar la vista atrás.
by David Villar
   Hemos conseguido terminar la labor un año más, con mejor o peor fortuna, con mejor o peor acierto, pero con empeño. Las cosas no están fáciles para nadie, pero hemos conseguido superar los obstáculos. Otros vendrán, claro, pero los miraremos a la cara con valentía y optimismo, sin arredrarnos, animados por el cariño de los que nos quieren y confiados en el misterio que conmemoramos estos días, que Dios va a seguir estando de nuestro lado.
         Felices Fiestas, amigos, lectores y voyeurs.
 

Reseña perdida y cita el jueves 26

Hace unos días me enteré de la publicación de esta reseña de Solo yo me salvo en el suplemento cultural del Diario Montañés, hace más de un año. La reproduzco aquí como preparación para el coloquio que tendremos sobre esa novela mañana jueves, 26 de diciembre, a las 19.39, en la Librería Espacio Kattigara de Santander (c/ San Luis 5). Todo el que lea esto está invitado.


domingo, 1 de diciembre de 2013

Sale a la calle la revista Fábula, nº 35


Coeditada por la Asociación Riojana de Lectores, Escritores y Artistas (ARLEA) y la Universidad de La Rioja, la revista literaria Fábula, sigue apostando en su nuevo número por la variedad de géneros, estilos, autores, tendencias, etc. y por ofrecer a los nuevos creadores la oportunidad de darse a conocer.

Para apoyar la creación de autores noveles, no faltan en los números de Fábula escritores de prestigio que se prestan a cedernos relatos o poemas inéditos. Así, este nuevo número incluye 'Manhattan', un divertido relato de Fernando Schwartz, en el que un joven español se encuentra en una disparatada situación que le impide cumplir con sus obligaciones como novio de una rica heredera.

Además, Fábula cuenta con una nueva traducción de varios poemas de Exilio de Saint-John Perse a cargo de Águeda García-Garrido, profesora en la Universidad de Caen. Por su parte, María Jesús Hernáez Lerena, autora de la primera tesis doctoral en España sobre la escritora canadiense Alice Munro,  destaca la figura de la nueva Premio Nobel de Literatura 2013.

El poeta y traductor Diego Valverde Villena rinde homenaje al recientemente fallecido Álvaro Mutis introduciéndose en su biblioteca. Y lo hace analizando los aspectos que el escritor colombiano comparte con Kavafis: la pasión por los ritos religiosos, la historia y la poesía.

La sección 'Se busca poeta' ofrece una muestra de la obra poética de Margarita Hernando de Larramendi, a quien le gustaría que sus poemas fueran "como piedras en el estanque que, sordamente, produjeran un efecto expansivo y retardado que acercara al lector a la armonía y le ayudara a vivir mejor".

Dentro de 'Letra en movimiento', Diego Iturriaga analiza el libro Invasor de Fernando Marías y la película homónima dirigida por Daniel Calparsoro. Ambos autores critican las decisiones que los dirigentes del momento tomaron respecto a la guerra de Irak y destacan las consecuencias crónicas que sufren quienes han vivido un enfrentamiento bélico.

Además, de nuevo, Fábula cuenta con la colaboración de numerosos autores de diversa edad y procedencia, que participan con poemas, relatos, o reseñas. Así, entre los riojanos participantes destaca un nutrido grupo de participantes en el IV taller de Crítica y Creación Literarias organizado por ARLEA: Ana Tovar, Gregorio Clavijo, Carmen Tejada, María Peralta y Rosa Fernández. También colaboran, desde distintos puntos de la península, Alfonso Aguado, José Antonio Mier, Enrique Álvarez, Nuria Añó y Antonio Pilar, entre otros muchos. Y, desde Argentina, los poemas de Sergio Manganelli.

La portada reproduce un fragmento del cuadro “Fire”, de Carlos Corres, y las fotos del interior son gentileza de Eduardo Ibáñez Salinas.

Suscripción y envíos: info@revistafabula.com 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Hermano indeseado

 EL HERMANO INDESEADO

–Entonces… ¿me vuelvo a poner condón, o qué?
–Esto… sí, sí. Después de lo que nos ha dicho Germanín…
Tras el acto, Julián solía fumar un ducados, mirando al techo. Los dos estaban tendidos boca arriba, sin duda recordando la frase del día: “No quiero tener un hermanito. Quiero vuestra herencia para mí solo”.
–Qué curioso, con seis años…
–Ni que lo digas.
–¿Y de dónde lo habrá sacao?
–A saber… Lo que no oirá en el colegio…, o en la tele… o en el bar. Si es que los niños de hoy…
Llevaban semanas dando vueltas a lo de ir a por la parejita. Pero esto había zanjado la cuestión.
–Lo que me maravilla –añadió Gertru en pleno arrebato de optimismo maternal– es que ya piense en el futuro…
–Eso es que viene listo.
–A ver. Este niño nos sale economista, ya verás.
–Dios te oiga. Mientras no tenga que ganarse los garbanzos como yo.
Pausa.
–Y te digo una cosa. Tampoco me parece mal que ya le preocupe ahorrar unos duros, no. Que la vida está muy achuchada.
–Ya te digo…

Son curiosos los recovecos de la memoria. La de doña Gertru funcionaba al diez por ciento. No recordaba muy bien cómo había acabado aquí, en esta sala grande llena de ancianos en sillas de ruedas, frente al pobre Julián, que ya ni hablaba. Y, sin embargo, hoy le vino al recuerdo esta escena de cuarenta y tantos años atrás. ¿Dónde estaría Germanín? ¿Por qué no la estaba cuidando su hijo, en vez de esta chica tan sosa? Germanín les había atendido siempre, incluso había dejado el trabajo de pintor después del ictus de Julián, para estar con ellos. Eso es lo que tenía que hacer, leñe, que para eso era su único hijo. El que, cuando ellos faltaran, heredaría el piso que habían pagado a lo largo de toda una vida.

Lo que no entendía doña Gertru es que Germán, agotado física y mentalmente tras años de recoger babas, dosificar pastillas y limpiar excrementos, había recurrido, ya al borde del ataque de nervios, a la residencia pública. La administración autonómica era ahora el único hermano que le podía relevar, el que conservaba las energías necesarias para garantizar a sus padres una digna salida de este mundo, a cambio, tan solo, de todo lo que habían ahorrado en él. El hermano necesario. El gran hermano.
 En Codal, 6 (2013)

domingo, 17 de noviembre de 2013

La reseña más corta de Clara...

... y probablemente la que más se va a leer.  En la página 141 del AR de diciembre 2013. Of all places!, que diría Chéspir. Y bien flanqueada por mi querida Clara Sánchez y la flamante nobel, la canadiense Alice Munro.
Creo que me voy a suscribir.


domingo, 10 de noviembre de 2013

"Pretérito Imperfecto", de Julia Baigorri


Título: Pretérito Imperfecto
Autora: Julia Baigorri
Editorial: Endymion
Lugar y año: Madrid, 2013
Páginas: 76
 
SENCILLEZ PLUSCUAMPERFECTA

Una cualidad de la poesía es su capacidad de transformar en arte lo que toca, aunque lo que toque (o mejor, nos toque) sea sufrimiento, pena, desgarramiento. Si bien nunca demasiado de moda, la elegía ha producido notables joyas en la tradición poética española, tales como las coplas manriqueñas, el llanto lorquiano por Sánchez Mejías o la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández. Julia Baigorri sigue estos ilustres pasos en su intento desesperado por llenar el hueco que deja la marcha del ser amado, pero ella lo acomete sin artificio ni pretensiones, sin juegos retóricos deslumbrantes. La pérdida es abrumadora y te deja con el alma en carne viva, viene a decir Baigorri, al tiempo que con lenguaje sencillo nos incorpora a su mundo, a sus rutinas, y procede a mostrarnos sus llagas como quien no tiene nada que ocultar.
            Pero la poesía, además de arte, puede ser terapia, una especie de bálsamo o desahogo. El dolor desgarra, pero mientas se escribe sobre él se le da forma, y eso alivia un tanto. Y, en medio de la niebla, también permite atisbar cierta esperanza de que exista un más allá en que volvamos a encontrar al amado: “Todo será diferente cuando yo llegue/ porque ya nunca más volveremos a estar solos”.
            Las dos primeras partes del poemario están dedicadas, respectivamente, a Patricio y a la madre de la poeta. El tono es intimista, y Baigorri en seguida nos introduce en la vida de su familia y en la cronología de ciertos eventos (“Es la hora exacta./ Recuerdo el momento de tu aviso”). Su lenguaje sencillo nos llega más al corazón y nos envuelve en la pérdida. Por supuesto, una elegía también se aproxima a la reflexión sobre el paso del tiempo, tema clásico donde los haya, pero que la pluma de Baigorri formula con su particular cercanía: “A veces veo por la calle/ a los muchachos que eran jóvenes/ cuando yo también lo era”. No se sabe si el pretérito sería perfecto mientras fue presente, pero claramente desde nuestro presente de hoy el pretérito se antoja imperfecto.
            La tercera sección del poemario, sin embargo, da un giro en el tono de pesadumbre. Titulada “Cáceres” y de nuevo altamente autobiográfica, esta sección final ofrece un contrapunto en medio de la negrura. Los campos semánticos se enriquecen con flores, plantas, primavera, sinónimos de felicidad, de vida. “Pero también, como los árboles/ seguimos vivos y en pie”. La pérdida de los seres queridos nos descompone, es innegable, pero hay que seguir viviendo, todavía queda mucha belleza que admirar. Y si es verdad que la muerte “en cualquier recodo nos aguarda”, también es cierto que queda “el amor que de ella nos protege”.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Carlos Pujol habló de Clara

Hace casi dos años tuve la fortuna de que Carlos Pujol apadrinara mi novela Mientras ella sea clara en Barcelona, en la librería Alibri. Si no me equivoco, fue su última presentación, pues falleció unas semanas después. Revolviendo viejos papeles me he encontrado el texto de su intervención; "haz lo que quieras con él", me declaró con cierta solemnidad. Seguro que merecería mejor foro, pero este es el único que se me ocurre. 

Es conmovedora su reflexión sobre las generaciones a las que legamos el siglo XXI, sobre todo desde la perspectiva del profesor e intelectual que se va de este mundo y considera lo que deja detrás. Siempre me queda el interrogante de si ya entonces preveía su muerte inminente.


MIENTRAS ELLA SEA CLARA
Carlos Pujol


Alguien ha dicho que es incomprensible que se consiga sobrevivir a la adolescencia y a la juventud, dos edades calamitosas y de máximo riesgo en las que puede pasar cualquier cosa, y de hecho casi siempre pasa. Esta novela de Carlos Villar es un ejemplo literario inmejorable de lo que sucede en estos años en los que el atolondramiento y las contradicciones íntimas forman una mezcla explosiva que es mejor tomarse un poco a guasa – como hace, al menos aparentemente, el autor de nuestra historia – para no echarse a llorar o ponerse apocalíptico.

La acción, en el Santander de unos años atrás, con dos personajes cuyas voces se van alternando en el relato: una jovencita llamada Clara (cuyo nombre permite que el travieso título sea un chiste en forma de calambur) inquieta, difícil, desorientada y llena de dudas existenciales, y su amigo, ¿o habría que decir noviete?, a quien todos conocen por Míchum, porque su expresión recuerda a la de un famoso actor de cine de aire soñoliento o sonámbulo.

Si ella no se aclara con su vida, sino que se hunde cada vez más en la confusión y en el desbarajuste, el tal Míchum, que tuvo su época de superhéroe imaginario, nada menos que el Capitán Cólera, se revela enseguida como un infeliz patoso aunque lleno de buena voluntad, que también va buscando a tientas su camino, desde luego sin encontrarlo.

Un pareja, por llamarla de algún modo, porque tiene sus singularidades, incurablemente insegura y desatinada, que va dando tumbos de un extremo a otros, sin saber muy bien qué decisiones tomar, es decir, como casi todos, aunque los adultos disimulamos con más pericia. ¿Se acabarán casando, porque él insiste, y en el fondo es un pedazo de pan (ella matiza, “más bien un mendrugo de pan”)? Entre los dos reúnen muy poco dinero, Clara tiene una situación familiar muy nebulosa y poco risueña, y Míchum no pasa de ser vigilante de seguridad privado, lo que en la calle suele llamarse “segurata”.

La novela se desarrolla en dos soliloquios paralelos que requieren unos cuantos comparsas añadidos: una amiga de ella que atiende por Alba, tal vez, leemos, el prototipo de mujer fatal, de pocas palabras y largas miradas, la mayoría como de fastidio, un hombre de mundo adinerado y deslumbrante (así se nos describe), un madrileño turbio y apasionado que representa la emoción de la aventura, y algún otro que queda al margen y que apenas interviene en el argumento. Tipos que en general no son ni muy buenos ni muy malos, eso sí, sin norte, y que deambulan por un Santander bullicioso, cruel, y al mismo tiempo simpático.

Una historia de vidas desencuadernadas con algo de crónica social que atenúan el humor y el descaro con que se pintan. Pero estas situaciones, incluyendo el núcleo de las incertidumbres de las protagonista, a la que vemos nadando entre tres aguas, según feliz expresión del autor, son sólo una materia prima novelesca que podría pecar por el costumbrismo o incluso en algunos momentos por cierta moralización implícita. No es así, porque todo se sostiene muy bien gracias al estupendo lenguaje que usan todos los personajes.

Éste es un componente decisivo de la novela, un lenguaje desenfadado y callejero que refleja la ingenua y castastrófica zarabanda  vital que se nos describe. Cómo son, qué hacen, cómo piensan y cómo hablan los jóvenes de hoy en día, bueno, esta es una vertiente sociológica que no tiene mucho que ver con la literatura. Los monólogos y diálogos de “Mientras ella se aclara” valen por sí mismos, están ahí como una extraña música que reconocemos por haberla oído a menudo en la calle o en el autobús, y que sugiere en su espontaneidad y en la gracia de sus expresiones, que lo que se nos cuenta es de veras, no solo pintoresquismo.

No era fácil encontrar un final adecuado para este embrollo, el lector hubiera podido seguir oyendo divertidamente cómo hablan, sin mucha prisa por saber cómo disipa sus dudas la joven de la historia. El asunto se complica un poco en la última parte, curiosa y significativamente cuando cambia de escenario y nos trasladamos a Madrid, un Madrid marcado por hechos trágicos que desvían la atención del núcleo de la novela. Fuera de Santander, Clara y Míchum están fuera de su territorio, desplazados. Pero muy pronto un buen desenlace – porque es imprevisible y agridulce, sin concesiones, ni blando ni truculento – nos devuelve al único lugar en le que podía rematarse adecuadamente la intriga.

Novela la de Carlos Villar magníficamente escrita, con un pulso admirable en el manejo del estilo que se hermana con la delicadeza del análisis sicológico de los dos personajes principales. No se sabe cuál de los dos retratos merece ser destacado; en sus constantes y dubitativas ambigüedades ambos son acertadísimos, inspiran una dramática simpatía y desde luego no nos cansamos de oírles hablar. ¿Son la juventud que hemos contribuido a hacer los que ahora somos adultos, y les miramos compasivamente por encima del hombro, las generaciones a las que legamos el siglo XXI?

Una novela no es un tratado moral, no pretende ser ejemplar, no es una denuncia ni una justificación, es solo un pedazo de vida imaginada con arte y cariño, que nos enfrenta a unas situaciones, un mundo en que cada cual a su manera se reconoce, Eso significa que lo que se nos cuenta es muy serio, forma parte de nosotros mismo, aunque el tono empleado es jocoso, como de broma, un contraste muy feliz. Carlos Villar ha incorporado brillantemente a nuestros sueños unas siluetas humanas inolvidable, no se puede pedir más a la literatura.

domingo, 20 de octubre de 2013

EL ESCRITOR DESLEAL



En 1969 el escritor inglés Graham Greene recibió el premio Shakesperare concedido por la Universidad de Hamburgo. En el acto Greene debía pronunciar un discurso y optó por criticar al dramaturgo que daba nombre al galardón por su conformismo frente a las autoridades de su tiempo que le encumbraron. Por el contrario, Greene enfatizó el papel del escritor que se enfrenta al poder y denuncia la injusticia del lado de la víctima. El título del discurso, bastante elocuente, fue “La virtud de la deslealtad”. Extracto aquí unos fragmentos que considero representativos.


El Estado siempre ha estado interesado en envenenar los pozos psicológicos, en fomentar los abucheos, en restringir la solidaridad humana (…) ¿No es la labor del narrador actuar como abogado del diablo, fomentar la solidaridad y cierta medida de comprensión hacia los que se hallan al margen del beneplácito estatal? El escritor se deja llevar por su propia vocación de ser protestante en una sociedad católica, católico en una sociedad protestante, ver las virtudes del capitalismo en una sociedad comunista, del comunismo en un estado capitalista.

Debe estar dispuesto a cambiar de bando sin pensarlo dos veces. (…)  Representa a las víctimas, y las víctimas cambian. La lealtad te circunscribe a las opiniones aceptadas: la lealtad te prohíbe comprender los motivos de tus compañeros disidentes; pero la deslealtad te impulsa a introducirte en cualquier mente humana: aporta al novelista una dimensión extra de comprensión.

No defiendo la propaganda. La propaganda solo busca provocar adhesión a un solo bando, el que el propagandista considera el bueno: él también envenena los pozos. Pero la labor del novelista es buscar su parecido con cualquier ser humano, con el culpable tanto como con el inocente.

Si ampliamos los límites de adhesión en nuestros lectores conseguimos hacer la labor del Estado un poco más ardua. Este es un deber genuino que le debemos a la sociedad; ser una piedrecilla en el engranaje del Estado.

Un gran teólogo alemán se enfrentó, en los peores días de nuestra historia, a esta cuestión de lealtad o deslealtad. Escribió: “Los cristianos de Alemania se enfrentarán a la terrible disyuntiva de desear la derrota de su nación para que la civilización cristiana pueda sobrevivir, o desear la victoria de su nación y por tanto destrozar la civilización. Yo sé cuál de ambas alternativas debo escoger”.
      Dietrich Bonhoeffer escogió ser ejecutado como nuestro poeta inglés Southwell [contemporáneo de Shakespeare que murió en el patíbulo tras años de tortura por ser católico]. Es un héroe mucho mayor que Shakespeare para todo escritor. Quizá la tragedia más profunda que viviera Shakespeare fuera la suya propia: miró para otro lado con tal de conseguir el escudo de armas, la lengua prudente por las amistades en la Corte y la gran mansión en Stratford.
Con Caroline, la hija de Greene, en Berkhamstead



domingo, 13 de octubre de 2013

TIEMPO DE SILENCIO


TIEMPO DE SILENCIO

Tras mi entrada en este blog del 20 de julio, sobre la principal virtud del docente universitario, he guardado casi tres meses de silencio. ¿Motivos? En las tres novelas que he escrito hasta la fecha me ha gustado ofrecer al sufrido lector al menos dos posibles finales para que aquel disponga de una alternativa si no le gusta el aparente desenlace. De modo similar, ofrezco a mis amigos, visitantes y voyeurs de este blog (si es que no lo han abandonado todos) dos posibles respuestas para justificar mi silencio.

VERSIÓN 1) Poco después de mi tercera entrega sobre los vicios del sistema universitario español, recibí una curiosa visita en horario de tutorías. Se trataba de dos personas muy educadas, hombres, supongo, a juzgar por sus voces y por su morfología (dudo de este particular porque venían encapuchados). Les invité a sentarse y estuvimos departiendo durante más de una hora sobre cuestiones de intertextualidad y de narratología, de la que, a pesar de su interés, no tenían la más mínima idea. De pronto, en cuanto miré para otro lado, recibí un fuerte impacto en la cabeza que me hizo perder el (escaso) conocimiento.
            Cuando recobré la conciencia me encontraba en una reducida habitación, apenas equipada con un jergón, un cubo, una silla de mimbre, una televisión en la que solo se podían ver DVDs, y una estantería con las obras completas de Almodóvar. Ahí pasé largas semanas, sin más compañía que mis pensamientos y la sesión de sobremesa que, en mi desesperación, proyectaba. De mis captores solo veía la mano que empujaba la comida (deliciosa, por otro lado) por la trampilla de la puerta. En ocasiones pegaba la oreja a la puerta y oía hablar en latín y griego.
            Pero llegó un momento en que me harté de tanta monotonía y urdí un plan. Cuando mi captor deslizó la bandeja con la comida, exponiendo un par de dedos desnudos, se los agarré y retorcí con toda la fuerza de que fui capaz. El pobre hombre aulló lo indecible, pero yo no solté la presa. Al final, le hice jurar por la Aneca que me abriría la puerta, y, ante tan insoportable dolor, lo hizo. Cuál sería mi sorpresa cuando le vi la cara.
            –Coño, pero… si eres tú.
            –Sí, je –admitió con rubor mientras se frotaba los dos dedos luxados–. Pero yo solo soy un mandao, que conste. No es nada personal…
            –Ya me imagino. Pero… ¿por qué? ¿Por qué?
            –Verás. Me habían prometido que sacarían mi plaza. Mi plaza, ¿oíste? Por fin… Aunque fuera de P2 [= cacofónico y exiguo contrato con dos horas de docencia semanal].
            –Ya –asentí, mientras me apresuré a abandonar mi prisión y a reincorporarme a la vida habitual.

VERSIÓN 2) Además de una vida y, respectivamente, la vacación y la docencia, tengo cinco o seis libros que me rondan la cabeza y que no me dejan mucha serenidad para bloguear. Uno, ya en fase de maquetación y corrección, sobre la trilogía de Waugh Sword of Honour, que saldrá en breve. Otro, un cuento ilustrado para niños de cinco a nueve años, titulado Tutta y Bhabha en la granja, ya terminado y en busca de editor. El tercero, un manual sobre la literatura inglesa del siglo XIX y XX. El cuarto, una novela sobre un periodista en plena crisis. Otro, en gestación, formado por varios microrrelatos que, cuando lleguen a cuarenta o así, podrán ir buscando quien los quiera. Y finalmente, el próximo proyecto académico, aún en la fase inicial, sobre los viajes de Graham Greene por España.
            En fin, sé que esta versión es más sosa. Por tanto, elige la que prefieras. Tú decides.

sábado, 20 de julio de 2013

CONDICIONES DEL CANDIDATO A DOCENTE


 Puesto a retomar, retomo también mis escritos más suicidas. Este enlaza con su primera parte y su segunda.


LA MATER QUE NOS PARIÓ (III); REFLEXIONES SOBRE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA

LA VIRTUD MÁS NECESARIA
“¿Qué pinta este aquí?” es una pregunta que todos nos hemos hecho en nuestros años estudiantiles al sentirnos decepcionados ante las patentes limitaciones de algún docente. Es verdad que conozco a mucha gente valiosa, inteligente y trabajadora en la universidad española. Pero hoy día no suele bastar con que un joven licenciado que quiere abrirse camino docente reúna todas esas condiciones. Podría hablar muchas lenguas y tener variados intereses intelectuales, podría poseer un espíritu crítico clarividente, podría reunir una entrega incondicional a la investigación, podría tener una vocación pedagógica ejemplar. Pero una cosa le falta. Algo sin lo cual todo lo anterior es como bronce que resuena. ¿La caridad? No precisamente. La docilidad. Sí, sin docilidad, las anteriores virtudes pueden incluso llegar a ser contraproducentes.
 
by CVF
           Como casi todo el mundo sabe, los departamentos universitarios suelen estar divididos internamente por rencillas multiseculares, lo que propicia la formación de clanes, cada uno con su líder. Esto suele ser resultado de la peculiar competitividad y jerarquización que reina en estos ambientes. A menudo las rencillas que enfrentan a los clanes vecinos suelen ser shakespeareanas e irreparables. En la Universidad de Valladolid, por ejemplo, llegó a haber dos departamentos de inglés que impartían las mismas materias; la división no era, pues, por áreas de conocimiento, sino por personas.
Pues bien, cuando un joven licenciado se plantea emprender carrera docente universitaria, si no tiene lazos familiares o afectivos decisivos, el sistema le obliga a buscar amparo a la sombra de un clan. Aunque los concursos de acceso sean públicos y abiertos, las diversas sutilezas del proceso implican que el cimarrón parte en franca desventaja respecto al “integrado”. El candidato debe buscar previamente que le admitan en alguna línea de investigación, aunque no le atraiga, y luego asumir su papel en el engranaje académico, colaborar en las tareas que se le asignen, y esperar pacientemente a la cola en el proceso de promoción.
Esta espera durará años, ahora más que antes, y el grado de dependencia variará en función del talante del líder: desde el catedrático de la vieja escuela (en extinción) que encarga al postulante sus labores domésticas, hasta el más liberal que se conforma con que le cite en todas sus publicaciones, pasando por la catedrática que plagia los trabajos de sus doctorandos o la que pone al becario a impartir su docencia. En fin, las modalidades de servidumbre son variadas, y el candidato a docente universitario solo podrá sobrellevar este largo proceso de inseguridad y humillación a base de heroicas dosis de docilidad.
            Algunos, sin embargo, no poseen esta virtud en grado tan heroico, y acaban sucumbiendo al desaliento después de años de ingrata labor, son vomitados como cuerpo extraño o mandan todo al cuerno y se preparan una oposición. Sin embargo, todos aquellos que consigan superar la ordalía estarán preparados para pasar por los diversos aros que el sistema académico, ministros, consejeros autonómicos, vicerrectores, planes Bolonia y demás agentes les vayan imponiendo con el tiempo. Y, lo que es mejor, estarán en condiciones de aceptar y amar los dictámenes del más reciente Gran Hermano de la universidad española: la omnisciente, la imponente, la adorable Aneca.

(CONTINUARÁ…)

sábado, 6 de julio de 2013

Lo que hace tu mano izquierda

Voy completando la revisión de mis primeros relatos. Este transcurre entre Avilés y Oviedo, y reflexiona sobre el trabajo como servicio a la sociedad, aunque con sorpresa. Como es lógico, los lectores más avispados no se sorprenderán (nunca se sorprenden), pero aún hay algunos que me preguntan a qué se dedica el protagonista.

LO QUE HACE TU MANO IZQUIERDA


            A las seis de la mañana berreó el despertador. Marina ni se inmutó, pobrecilla, probablemente no llevaría ni dos horas de sueño. Adrián la miró con ternura y, con miedo a provocar el más mínimo ruido que pudiera despertarla, se dejó caer de la cama al cabo de unos segundos, rompiendo así esos hilos de la comodidad, fuertes como sogas, en nombre del cumplimiento del deber, en nombre de su familia, en nombre de ese sustento diario que sus hijos tácitamente le reclamaban.
 
by A. V. Grela
           Porque ellos no tendrían la infancia que tuvo él, no señor. Ellos tendrían cubiertas las necesidades básicas, se alimentarían con una dieta sana y equilibrada, podrían estudiar en un colegio incluso de pago, luego en la universidad, serían personas de provecho, con un futuro abierto ante sus ojos. Ellos no tendrían malos tratos e insultos en casa, ni palizas del padre, ni abusos de los dueños del barrio, qué va. Su infancia sería esa etapa de felicidad y armonía que se necesita para un desarrollo integrado de la personalidad, para que la autoestima encamine al niño a la autorrealización progresiva de sus potencialidades, todo dentro de las trayectorias que en cada etapa vayan libre y armónicamente escogiendo.

sábado, 8 de junio de 2013

ANDRÉS NEUMAN: LA NECESIDAD DE ESCRIBIR


 ANDRÉS NEUMAN: LA NECESIDAD DE ESCRIBIR
 En esta época de recortes, los que promovemos actividades literarias tenemos que apurar los recursos, cada vez más escasos. Así, la visita de Andrés Neuman a Logroño el lunes 3 de junio tuvo un doble propósito: clausurar el IV Taller de Crítica y Creación Literarias (de 18.30 a 19.45), y presentar la revista Fábula (de 20.00 pasadillas a 21.30). Andrés hizo esta escala en plena vorágine de giras y presentaciones por España, ilustrando de alguna forma lo agotadora que puede ser la vida del escritor de éxito.
La sesión del taller se titulaba, bastante ampliamente, “El escritor y su novela”. Comenzó con la lectura de tres de sus microrrelatos –“La felicidad”, “Estar descalzo” y “Sinopsis del hogar”–, de muy distinto tono, para dar paso después a un coloquio. Este comenzó con una pregunta que, a pesar de venir al hilo de su primer microrrelato, sorprendió a todos: “¿Sabes bailar?”. A lo que, con un sentido del humor del que hizo gala durante toda su charla, respondió que podía mejorar.
A través de las diferentes preguntas que se formularon, descubrimos  a un autor que necesita cambiar de (sub)género literario –relato, novela, poesía, aforismos, viajes, etc.–, porque cada uno de ellos le aporta y le exige algo diferente: la inmediatez de la poesía, la reescritura del cuento, la paciencia que precisa la novela. Confesó que en su quehacer creativo también gusta de borrar fronteras y mezclar géneros.
Además, afirmó que el deber ético del escritor es aprender a escribir en cada texto. Él se declaró un autor compulsivo, que necesita escribir a diario. Lamentablemente, en su opinión, a muchos escritores contemporáneos les gusta más “ir de escritores” que escribir, pues esto les supone un esfuerzo diario que prefieren dedicar a otras actividades, como las conferencias, las tertulias o las colaboraciones con los medios de comunicación. Él se encuentra entre los que necesitan de la escritura diaria, aunque ello no los haga mejores: ser buen o mal escritor no depende del número de obras escritas.
Se declaró partidario de las novelas de personajes, a los que se crea imaginándolos día a día, viéndolos actuar en diferentes situaciones para que pasen del cliché al personaje contradictorio “que evoluciona mientras lo imaginas”. Es necesario ejercitar la capacidad de observación, y convivir con el personaje los años que haga falta.
Tras un descanso, Andrés Neuman acometió la segunda sesión, la charla “La cara de los escritores”, que sirvió de fondo a la presentación del número 34 de Fábula. Tras unos pequeños incidentes técnicos que al que esto suscribe le aportaron dos nuevas canas, Andrés consiguió dominar el Windows 8 e ilustró con imágenes un personal recorrido por la iconografía de un puñado de escritores admirados: Garcilaso de la Vega, Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz, César Vallejo, García Lorca, Roberto Bolaño, etc. Remataba su análisis de cada conjunto de imágenes con la lectura (o recitado de memoria) de un poema del susodicho, que ganaba mucho con esa dicción profunda y acento argentino que le crece a Neuman cuando lee poesía. Aprendimos que los escritores transmiten mensajes no solo en palabras, sino en imágenes, tanto activa como pasivamente; y, en general, dando una vuelta al título, recordamos que los escritores tienen bastante cara.

sábado, 1 de junio de 2013

CUATRO LIBROS Y UN FUNERAL


CUATRO LIBROS Y UN FUNERAL

No hace mucho tuve que abandonar una animada presentación libresca antes de su conclusión para asistir a un funeral. Dejé un salón de actos repleto para entrar en una iglesia también repleta. La abrupta transición entre uno y otro evento empezaba a embrollar mi mente ya fatigada tras una intensa jornada, y por momentos confundía dónde me encontraba exactamente. Cuando un amigo del difunto subió al púlpito a pronunciar un sentido panegírico, no lo distinguía muy bien del amigo-presentador del escritor local, que había hecho lo propio unos minutos atrás.
Los rostros de los asistentes al funeral expresaban un apoyo incondicional al protagonista del acto no muy diferente del de los asistentes a la presentación. Mi mente calenturienta empezó a fantasear imaginando que yo no me había movido de ubicación, que eran solo los edificios los que habían metamorfoseado. Finalmente, la hija del difunto, un honrado ciudadano distinguido por muchas virtudes pero no por las literarias, subió al ambón y, acaso por respeto a los no-creyentes, evitó cuestiones de inmortalidad del alma y disertó emotivamente sobre la inmortalidad de la palabra escrita. Total, que a la salida yo no sabía si dar el pésame a la viuda o pedir una dedicatoria del libro que llevaba bajo el brazo.
            En el pasado, acaso movido por mi peculiar imaginación sacramental, he utilizado el símil del bautizo para referirme a las presentaciones de libros. El autor era la madre, el editor el padre, ahí estaban los invitados al gozoso alumbramiento de una nueva criatura, etcétera. Pero ahora, tras esta confusa experiencia extrasensorial, puede ser interesante explorar este otro. En efecto, hay algo en la voluntad de cerrar filas en torno al amigo que se va que también se plasma en los asistentes a una presentación libresca. Incluso se me antojan semejanzas en los aspectos sociales y propiamente numéricos. Un escritor local que autopublica o es autopublicado no tiene que ser necesariamente perito en letras para que logre congregar a decenas o centenares de allegados, que reirán sus bromas y comprarán su libro. Al contrario, la clave del éxito numérico está en haber cultivado las habilidades sociales: ser conocido, estimado, apreciado o querido (algo que, dicho sea de paso, parece más valioso que ser buen escritor). Igualmente, un funeral que congrega multitudes, humanamente exitoso (si se me perdona la frivolidad), estará en función de la proyección social del difunto o de su familia, no tanto de lo preparado que haya estado el protagonista para dar el paso que justifica el evento (es decir, morir).
            También se podría hablar (aunque no lo haré) de la presencia de políticos y medios en uno u otro evento en función del peso social o económico del finado o (auto)publicado. De modo similar, en ambos actos es importante hacer constar la propia asistencia para que no pase desapercibida, por lo que suelen concluir con la visita individual de cada asistente al núcleo organizador (es un decir), sea para dar pésames o pedir dedicatorias.
            Se podrían presentar alegaciones contra mi absurda comparación. La más obvia es que la muerte es universal, y la autoría literaria no. Pero esto último también es relativo, hoy más que nunca. Con las facilidades aportadas por las nuevas tecnologías, cualquiera puede escribir un libro y publicarlo en algún portal virtual, o en autoedición impresa a la carta, y presentarlo en sociedad. De nuevo, una adecuada presencia social garantizará un cierto éxito de convocatoria, no necesariamente vinculado a criterios artísticos.
            Mi admirado Carlos Pujol, que supo lo que era escribir bien y seguro que preparó bien el tránsito definitivo, apuntó una vez: “La afición a escribir es incurable; por eso nunca hay que desaconsejar a alguien que siga haciéndolo, aunque lo haga muy mal. Hobby dominguero, actividad privada, literatura del montón, best-seller o gran arte, tanto da, a la larga Dios reconocerá a los suyos. En resumidas cuentas, cada cual escribe como puede y no como quiere” (Cuadernos de escritura, p. 16). Puede que sea cierto y que no haya que desaconsejar escribir, pero…¿tampoco publicar? Es verdad que los recursos son limitados, y el que compra el autolibro de su vecino no destinará esos euros a adquirir un clásico de Chejov. Pero, en fin, cada uno hace con su dinero lo que quiere. Hasta ahí podíamos llegar, ¿o no?

domingo, 26 de mayo de 2013

EL PERSONAJE CREA VIDA


MIENTRAS EL PERSONAJE SE ACLARA

El título de mi intervención en el taller el 14 de mayo era otro juego verbal con el calambur que utilicé en mi segunda novela (qué os voy a contar que no sepáis de ella). Pero tampoco es que hablara mucho de “mi libro”, que se dice. En la charla abordé diferentes cuestiones del análisis del personaje literario: las tres definiciones más aceptadas; las tres fuentes textuales de información sobre el personaje; los métodos textuales de definición directa, presentación indirecta (acciones, palabras, apariencia, etc.) y refuerzo por analogía (nombres, colores, ambientes, etc.); los diferentes tipos de rasgos que se pueden inferir de los métodos anteriores (de ser, de actuar, de relación, de ideología, etc.); y, finalmente, una tipología del personaje con relieve, del personaje que nos parece cercano, que se desdobla en ocho categorías (complejo, contradictorio, dinámico, etc.).

Para concretar lo anterior, analizamos algún ejemplo literario, e incluso jugamos a un par de juegos con la ayuda de algunos voluntarios de entre los participantes. Estos juegos (adivinar a qué se dedicaban los misteriosos voluntarios y alguna faceta ignota de su vida) tenían como objetivo ilustrar que el escritor que se plantea crear personajes literarios memorables tiene que ser, entre otras cosas, observador, incluso curioso, en la vida cotidiana.

by CVF
Glosé un poco el siguiente diagrama, que ilustra simplificadamente el mágico proceso literario por el cual un autor del siglo XVII puede escribir una ficción sobre un personaje femenino (Rosalinda) inspirado en una mujer conocida (Eudivigis), y los rasgos textuales que le atribuye en la obra pueden inspirar, en el curso de las diferentes generaciones de lectores, infinitas re-creaciones por parte de cada lector, que en este proceso pone en juego su memoria, su experiencia, sus lecturas… y también las personas de su entorno que conoce. Así, la Eudivigis del siglo XVII que inspiró el relato, y la mujer del siglo XXI (Vanessa) que nuestro lector contemporáneo asemeja a Rosalinda, aunque jamás han tenido relación alguna, son términos de esta especial vinculación literaria.
Como comentario marginal apunté que este fenómeno, cuando el autor vive y escribe en pequeñas ciudades, puede resultar peligroso: como cada lector es libre de hacer sus asociaciones, muchos pueden imaginarse que ciertas personas, o incluso ellos mismos, han sido objeto de retrato en la ficción. Con mi Calle Menor (Sial, 2004) experimenté tales riesgos. Ambientada en un contexto universitario y cultural de pequeña capital, en seguida me surgieron candidatos para modelos de los personajes, algunos con pretensiones anacrónicas o incoherentes. Personas del ámbito literario local me retiraron el saludo, en el seno de mi universidad hubo quienes la leyeron con la idea de encontrar compañeros representados, y pronto me vinieron a ver diferentes candidatas que creían haberse visto retratadas en mi protagonista, la inocente Oria. Yo fui el principal sorprendido por esta autonomía de la imaginación lectora. Por el contrario, reivindico que el autor tiene que disponer de una libertad absoluta para crear personajes como desee, a menudo sin saber siquiera de dónde ha obtenido su material.


AHORA TE TOCA A TI
La sesión de Rocío Arana, celebrada el 21 de mayo, consistió en comentar los relatos de los alumnos del taller que voluntariamente había enviado previamente sus trabajos.
Foto: Ascen Jiménez
 Arana destacó el alto número de temas truculentos tratados en los relatos –prostitución, suicidios, canibalismo…–, y advirtió de la necesidad de construir relatos equilibrados en su tono, en los que haya “sol y sombra”.  También evidenció la necesidad de cuidar la lengua, tanto en el nivel semántico –no excederse en el uso de coloquialismos y cuidar la adjetivación–, como en el ortográfico –acentuación y puntuación.
 En los textos comentadoss encontramos autores capaces de crear inicios sugerentes que despiertan el interés del lector, personajes bien definidos, finales abiertos, golpes de humor, distintos registros de habla, imágenes plásticas, atmósferas bien creadas, etc. En conclusión, todo un abanico del buen hacer que habla de escritores con mucho que contar.

domingo, 19 de mayo de 2013

Documentar la novela negra: Reyes Calderón


DOCUMENTAR LA NOVELA NEGRA
El martes 7 de mayo  tuvimos la suerte de contar en el IV Taller literario con Reyes Calderón, autora de novelas de intriga y reciente ganadora del “Premio Abogados de Novela” con El jurado número 10.
Un consejo: quien tenga la oportunidad de escuchar a Reyes Calderón, que no la pierda. Es una persona llena de sorpresas. La conocí el mismo día de su charla. Uno de los asistentes la había escuchado el año pasado y me recomendó que la invitara. Pero yo no sabía qué persona me iba encontrar. Toda una decana de la facultad de Empresariales de la Universidad de Navarra, madre de familia numerosa, escritora de éxito… Por algún motivo, me imaginé que sería una señora un tanto distante. Pero me equivoqué, Reyes transmite entusiasmo y cercanía, una cierta dosis de ánimo juvenil no exento de temeridad aventurera y un convencimiento de las posibilidades de la imaginación para crear mundos y resolver problemas.
Es difícil resumir los contenidos de su intervención de dos horas y media. En la primera parte, Reyes trató de la creatividad en general, nos animó a no ponernos límite, convencida de que todos tenemos alma de artista, si bien cada uno debe encontrar en qué faceta la puede desarrollar mejor. Glosó las características que debe tener todo artista: una enorme curiosidad —aunque conlleve un coste—; ilusión —“caerse siete veces, levantarse ocho”—, la búsqueda de nuestra propia verdad; y el esfuerzo —declaró que escribe ¡veintiocho versiones por página!
A continuación desarrolló la comparación de la escritura como viaje. Al igual que el viajero se plantea en primer lugar a dónde quiere ir, antes de comenzar a escribir hay que tener claro de qué se quiere hablar y qué se quiere contar, teniendo en cuenta que son conceptos diferentes. Y si no sabemos de qué hablar, salgamos a la calle a escuchar conversaciones, a observar a la gente, o vayamos a una biblioteca a descubrir libros al azar (como hace ella).
La segunda pregunta del viajero es: “¿Quién me va a acompañar?”. De igual modo, debemos conocer a fondo a nuestros personajes, ver qué les falta y qué les sobra e ir revelándolos poco a poco por medio de sus acciones. La tercera, el vehículo: una trama y subtramas sólidas, “sin huecos”, bien documentadas, enriquecidas por las “serendipias” o hallazgos casuales, y con un desenlace que satisfaga las principales preguntas que se le han ido planteando al lector.
Quizá de su larga charla destacaría el énfasis con que defendió la necesidad de que el novelista se documente sobre su material. Para Reyes Calderón es un deber con los lectores darles una información cabal y verosímil, y reconstruir para ellos los diversos ambientes con conocimiento de causa. En este sentido, nos reveló alguno de sus recursos. Por ejemplo, pedir consejo a diversos profesionales relacionados con la materia. En su género, la novela negra, ha conocido a varios abogados, jueces, policías, forenses, etc. con ocasión de pedirles asesoramiento. También nos contó que en ocasiones ha aprovechado viajes de trabajo a diversos países para escaparse de madrugada a conocer de primera mano los barrios conflictivos donde piensa ubicar alguna escena, para saber “a qué huelen” y qué tipo de personas los habitan. Esa curiosidad hermanada con el perfeccionismo la ha llevado a perseguir metas ambiciosas: por ejemplo, para una novela futura ha conseguido entrevistarse con miembros de servicios secretos extranjeros, aunque le haya costado dos años de gestiones
            En fin, lo dicho: el que tenga la oportunidad de escuchar a Reyes Calderón en una charla o presentación, que no la desperdicie.

miércoles, 8 de mayo de 2013

CÓMO DIRIGIRSE A UNA EDITORIAL

CÓMO DIRIGIRSE A UNA EDITORIAL: PABLO MAZO

El martes 30 de abril intervino en el taller literario Pablo Mazo, editor de Salto de Página. Esta editorial ha conseguido abrirse un hueco entre la literatura de calidad y crecer, a pesar de apostar por dos valores a priori nada rentables: los autores hispanos y los emergentes.
Fotos: Ascen Jiménez

En las pasadas ediciones, las sesiones protagonizadas por editores han tenido ciertas dificultades para ocupar las dos horas y media que dura cada una. Sin embargo, Pablo Mazo se las arregló para desarrollar un coloquio muy fluido, en el que los asistentes plantearon sus muchas inquietudes hasta el último minuto. Con su tono sereno y su claridad expositiva, dejó claro desde el comienzo que hacerse un hueco en el mundo editorial es una tarea muy complicada en la situación española actual; y aún más difícil lo tienen los autores de cuentos. Sin embargo, animó a todos a intentarlo.
Una vez que el escritor ha concluido su obra, comienza una labor ardua: darla a conocer. Para ello, en primer lugar, debe distinguir y apostar por uno de estos conceptos: la edición, la coedición y la autoedición, teniendo en cuenta las incompatibilidades que puedan existir entre ellos. Así, el hecho de que un autor novel se haya autoeditado, en papel o en internet, supone un obstáculo si más tarde se propone ofrecer esa misma obra a un editor “tradicional”, aquel que se compromete mediante contrato a publicar y difundir la obra sin exigir un pago previo, participando de los porcentajes de venta. En efecto, esos 100 ó 200 ejemplares que el autor puede haber vendido previamente entre sus familiares y amigos pueden inclinar la balanza desfavorablemente.
Hoy en día las tiradas medias se han reducido de modo notable. Lo normal es que se lancen entre 1000 y 3000 ejemplares de cada título de novela. A su juicio, un proyecto empieza a ser económicamente rentable a partir de una venta de 600 ó 700 ejemplares.
El autor en busca de editor debe realizar antes una concienzuda labor de campo, nunca mandar indiscriminadamente el manuscrito a editoriales o agentes. Se requiere hacer un estudio previo para conocer las líneas editoriales que se ajustan a su proyecto, y enviar la prouesta exclusivamente a ellas. Tal propuesta incluye, en un primer contacto, una carta de presentación, escueta y sencilla, acompañada de un currículum literario y de una sinopsis que exponga los puntos fuertes de la obra y el público al que va dirigida. Tal sinopsis no equivale a la habitual de las contraportadas: debe evitar grandiloquencias, frases del tipo de “gustará a todo el mundo”, o comparaciones desmedidas con los bestsellers del momento.
Para concluir, leimos algunas propuestas hipotéticas (o no tanto) de los asistentes, y Pablo Mazo nos orientó, con discreción y buen humor, sobre el tono adecuado para dirigirse a una editorial.

domingo, 28 de abril de 2013

ANDRÉS PASCUAL Y RUBÉN ABELLA: BEST SELLERS Y ESPACIO NARRATIVO


Paso a sintetizar las dos últimas sesiones del IV Taller, las del martes 16 de abril y el martes 23 (Día del Libro). Ambos ponentes, Andrés Pascual y Rubén Abella, comparten varios factores comunes, además de ser de la misma quinta (año más o menos). Por un lado, son cuatripitidores en nuestros talleres, es decir, han impartido su saber durante cuatro años consecutivos, y ambos han estado entre los favoritos de los asistentes, a juzgar por las encuestas realizadas al término de cada edición. No en vano, ambos son extraordinarios comunicadores, cada uno a su estilo, y son capaces de hablar durante las dos horas y media que duran las sesiones sin que la tensión y el interés decaiga, antes bien van in crescendo. Por otro lado, ambos compaginan la escritura con otras habilidades artísticas, la música en el caso de Andrés, la fotografía en el de Rubén. Ahora también comparten grupo editorial, Planeta, pues Rubén lleva publicando en Destino desde que quedó finalista del Premio Nadal en 2009, y Andrés ha publicado su último título en la editorial que da nombre al grupo.
Una diferencia, sin embargo, estriba en el desigual tratamiento informativo que ha recibido la visita de Rubén Abella, quien inexplicablemente no parece atraer el interés de la prensa. Por ejemplo, por cuarto año consecutivo el diario riojano de más tirada ignoró por completo la presencia del último finalista del Nadal en nuestra ciudad. Que alguien me lo explique.

ANDRÉS PASCUAL: “TODA MI VIDA HE INTENTADO ESCRIBIR UN BEST SELLER”
Andrés comenzó expresando su reparo de que la charla ya sonara conocida, pero a medida que hablaba se fue adaptando a las expectativas del público y fue derivando por senderos inéditos. Habló sin complejos de lo que él quiere: ser leído por muchos para tener la oportunidad de compartir con un gran número de lectores las numerosas experiencias que ha vivido en sus viajes y su forma de entender el mundo.
Fotos: Ascen Jiménez
Y, aunque no hay fórmulas secretas para crear un best seller, nos fue desgranando sus elementos esenciales: entremezclar tendencias literarias (la novela histórica, la sentimental, la de aventuras, etc.); crear personajes atractivos que muestren “los sentimientos más puros pero también los más deleznables” para que el lector se vea reflejado en ellos; la intriga siempre dosificada; el tono positivo; los capítulos cortos con un final que marque un cambio de ritmo; etc.
Además, debe tenerse en cuenta que todos estos elementos deben estar al servicio de la historia, porque ella es la gran protagonista. El escritor debe saber meter la tijera sin complejos y sin angustia, para desterrar todo lo que pueda resultar superfluo. Sin una buena historia, no hay novela comercial. Como tampoco la habrá con un estilo muy recargado: el lenguaje tiene que ser claro pero con calidad, ya que “se puede hacer mucha belleza con la simplicidad”.
Y todo esto (y otros muchos temas) los trató Andrés como él es: con su alma de músico y su corazón animoso y transparente.

RUBÉN ABELLA: “LA NARRATIVA ES EL ARTE DE LOS DETALLES”
El título de sus sesión fue: “El espacio narrativo: un personaje inesperado”. A través de numerosos textos fundamentales (“Meridiano de sangre” de Cormac McCarthy, “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, “Mientras agonizo” de William Faulkner, etc.), demostró que un escritor no puede pasar de puntillas sobre el espacio de su novela, sino que debe recrearlo ofreciendo todos los detalles que sean útiles para la historia.

Y es que el espacio determina a los personajes y crea tensión dramática a través de tres vías: el personaje lucha contra la naturaleza (elementos tales como la oscuridad, la noche, la lluvia, un río, etc.); el personaje llega a lugares desconocidos (un inmigrante que llega a un país extraño, por ejemplo); y la ironía dramática (un entorno que da una imagen ambigua de un personaje o crea malentendidos).
Los espacios narrativos generalmente se crean mezclando lugares reales con inventados. Ambas opciones tienen inconvenientes: un lugar concreto limita mucho la imaginación, pero crear un mundo inventado con coherencia interna supone una tarea muy compleja. En cualquier caso, es preciso concretar mucho los detalles que definen un entorno, no basta con generalidades; hay que enumerar, seleccionar e integrar los detalles en una historia. Ahí radica el arte.
Rubén Abella empleó los últimos momentos de la charla para resaltar la tarea final del escritor, un ser que “miente más que habla”: inventamos sitios, personajes, tramas, etc., pero es importante arrojar un poco de luz sobre el caos que es vivir. La literatura trata de que lo que uno siente en la vida real se transmita al lector, trata de conmover (palabra clave).

domingo, 14 de abril de 2013

MARíA TENA: “Escribiendo me siento más independiente”

Este año vuelvo a proponerme dejar un recordatorio de las sesiones del IV Taller de Creación y Crítica Literarias en estas páginas, con la inestimable colaboración de Ascen Jiménez, que saca las fotos y toma las notas en las que me baso. 
Animo a todos los participantes a mandar comentarios a propósito de los aspectos que más les gusten o llamen su atención.

PRIMERA SESIÓN DEL IV TALLER DE CREACIÓN Y CRÍTICA LITERARIAS: LA TRAMA Y LOS PERSONAJES
MARíA TENA: “Escribiendo me siento más independiente”

El martes 9 comenzó el IV Taller de creación y critica literarias: la trama y los personajes con una invitada de lujo: María Tena, conocida por su dedicación a la cultura a través del Ministerio, de sus relatos y novelas, y de los talleres literarios que imparte.

           Con una voz dulce pero con la pasión patente en el tono y en sus gestos, fue desgranando las claves que convierten a un personaje hecho de palabras en un ser del que “se puede ver su sombra”.
            La manera de presentar a los personajes ha cambiado considerablemente de los clásicos a hoy: antes era habitual dar una detallada descripción del ser creado; sin embargo, hoy impera la tendencia de que lo conozcamos por sus acciones, por lo que dice y piensa y por lo que dicen y piensan los demás de él.
            Por ello, es vital que nuestro personaje sea activo, como lo es que desee algo con mucha intensidad. Y antes de que su deseo se haga -o no- realidad, tendrá que saltar muchos obstáculos, porque “la felicidad completa resulta aburrida en una novela”.
            Además, un personaje bien construido ha de ser contradictorio, complejo, con luces y sombras, pero a la vez coherente. Pensemos en el protagonista de Lolita, por el que Nabokov recibió tantas críticas: el autor nos ha pintado de modo sumamente atractivo un personaje que no deja de ser un pedófilo, enamorado perdidamente de una menor, a sabiendas de que los impulsos que lo mueven son atroces. Hay que conseguir el equilibrio entre lo que es constante y lo que es contradictorio, teniendo siempre presente la regla de oro literaria, la verosimilitud.
            Al final de la sesión, María Tena dejo unos minutos para que los asistentes pudieran plantearle dudas y ante la pregunta “¿Por qué escribes?”, su respuesta fue contundente: “Escribir me hace más independiente, me libera de lo que me rodea”.

domingo, 17 de marzo de 2013

IV TALLER CRÍTICA Y CREACIÓN LITERARIAS: LA TRAMA Y LOS PERSONAJES


IV Taller de Creación y Crítica Literarias 'La trama y los personajes' del 9 de abril al 3 de junio.

La Asociación Riojana de Lectores, Escritores y Artistas (ARLEA) y la Universidad de La Rioja han organizado el IV Taller de Creación y Crítica Literarias. En esta ocasión tiene lugar del 9 de abril al 3 de junio, gira en torno al título 'La trama y los personajes' y reunirá a escritores y expertos como María Tena, Andrés Pascual, Rubén Abella, Pablo Mazo, Reyes Calderón, Rocía Arana y Andrés Neuman.

El taller está dirigido a personas interesadas en mejorar la calidad de sus escritos y aprender más de sus lecturas, ya que en cada sesión se profundizará en aspectos literarios diferentes (cualidades que deben reunir los personajes, la trama, la importancia del espacio, etc.), que dotarán a los participantes de las técnicas necesarias para desentrañar los elementos que forman una novela.

El taller consta de un total de ocho sesiones, de dos horas y media cada una -impartidas en el Centro Cultural Ibercaja de 19.00 a 21.30 horas-, con una parte teórica, en la que el conductor desarrollará un componente literario; y otra, en la que se podrá en práctica el tema expuesto a través de ejercicios o relatos del propio ponente, de otro autor o de alguno de los asistentes.



Los interesados en inscribirse pueden hacerlo poniéndose en contacto a través del correo-e info@revistafabula.com o del teléfono 941 29 94 24. Los organizadores han solicitado la convalidación del taller por un crédito o, en su caso, un crédito ECTS. Además, se llevará a cabo una selección de los escritos presentados entre los asistentes para su posterior publicación.

miércoles, 13 de marzo de 2013

MEDARDO FRAILE EN "FÁBULA"


Hace unos días, el 9 de marzo, murió Medardo Fraile, uno de los grandes autores de la narrativa en español. Un hombre que ha escrito con pasión durante toda su vida, y que ha muerto, creativamente hablando, con las botas puestas (o con la pluma en ristre, o la imagen que sea más adecuada).
Foto José Luis Miras

Medardo conoció la revista Fábula en torno al otoño del 2008, y desde ese momento nos ofreció generosa y desinteresadamente varios escritos inéditos y nos envió cada nuevo libro que sacaba. Insistía en que Fábula era una revista "de las que ya no se hacían", y no dejaba de mandar unas líneas de agradecimiento cuando recibía un nuevo número.

Mis sufridos amigos, visitantes y voyeurs pueden acceder a los PDF de dos de sus relatos:

"La visita" PDF (no 25) y  "Un caso extremo" PDF (no 32)

 y a dos de las reseñas sobre sus libros:

El cuento de siempre acabar por José López Rueda PDF
 Antes del futuro imperfecto por Gonzalo Martínez Camino PDF (no 30).

domingo, 24 de febrero de 2013

LA VOCACIÓN DOCENTE



Sigo dominado por mis impulsos suicidas, pero en fin, lo prometido es deuda. He aquí la segunda entrega. No sé si me aburriré pronto...

Esta entrada es continuación de esta


LA MATER QUE NOS PARIÓ (II): REFLEXIONES SOBRE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA

Para mí resulta evidente que la clave de la calidad de la educación estriba en la calidad del profesorado: en su preparación, su competencia, su capacidad pedagógica, su motivación y su esfuerzo. En una época en que “todo está en wikipedia”, pienso que sigue siendo fundamental la figura del profesor como guía, como estímulo intelectual, como un motor que consiga transmitir a los alumnos la curiosidad por aprender, que motive y oriente. Por supuesto, las antípodas del clásico dictador de apuntes que todos hemos conocido.
            Por tanto, si queremos conseguir una educación pública de calidad, debería cuidarse mucho, en primer lugar, el proceso de selección del profesorado, y, luego, su formación. Pero en esa selección inicial es curioso que apenas se valoren las aptitudes de las que hablamos. Imaginemos que para un puesto de socorrista de playa se presentan varios candidatos, y en el baremo cuentan diversos criterios (tamaño de los pectorales, tableta de abdominales, color de ojos, etc.) pero en ningún momento se les pregunta si saben nadar. Igualmente, es posible que una persona acceda a un puesto docente universitario sin que nadie haya valorado si le gusta enseñar o si tiene aptitudes para ello.
            De hecho (aunque yo no conozco a ninguno) se cuenta que hay profesores universitarios que detestan dar clase, aquello por lo que nos pagan, y procuran reducir su docencia en la medida de lo posible para dedicarse, en el mejor de los casos, a la investigación o a la gestión; en el peor, a actividades ajenas a lo académico.
            Esta inadecuación entre los requisitos de selección y la consiguiente dedicación laboral me parece un defecto general del acceso a la función pública en España. Por ejemplo, para el nombramiento de un juez, alguien que puede decidir si una persona será privada de libertad durante media vida o si unos padres perderán la patria potestad sobre sus hijos, parecería lógico que se valoraran condiciones como su ecuanimidad, equilibrio mental, sentido de la justicia, honradez, incorruptibilidad o imparcialidad. Sin embargo, la oposición de acceso valora principalmente su capacidad memorística, algo que no presupone necesariamente lo anterior (y así nos va, claro).
            En los niveles educativos de infantil, primaria y secundaria, este desequilibrio existe en cierta medida. La oposición, una vez más, valora sobre todo la capacidad de memorizar contenidos y de exponerlos correctamente, lo cual ya es algo, pero tampoco garantiza que el candidato reúna el perfil necesario para ser un buen educador, para tratar con niños. Una de las pruebas requiere una especie de simulacro de clase. Aunque tampoco garantiza mucho, al menos los examinadores pueden presenciar cómo se desenvuelve el candidato, pueden verle la cara y oírle hablar.
            Sin embargo, en la enseñanza universitaria española ni siquiera existe este tipo de prueba. Al menos, no es habitual. En las universidades anglosajonas, donde el objetivo es contratar al mejor en su campo, aunque sea desconocido, la entrevista es un elemento decisivo. Por el contrario, en muchas universidades españoles (como la mía) entrevistar a los candidatos a profesores va contra el reglamento. Así, es posible que apruebe un concurso de méritos alguien con muchos artículos publicados pero sin ninguna inclinación hacia la docencia de las materias para las que se le contrata.
            Con todo, no es precisamente el anonimato lo que caracteriza la selección en la universidad pública española. La endogamia es uno de los lastres más pesados que vienen arrastrando nuestras instituciones desde hace décadas. De hecho, los que conocen el mundillo conocen la importancia del proverbio: “El que no tiene padrino no se bautiza”. Creo que hemos mejorado algo en los últimos años, con los nuevos procesos de acreditaciones centralizadas. También tiene sus inconvenientes, pero al menos quien quiere que le “saquen su plaza” necesita demostrar su valía ante una comisión que no está, como antes, mayoritariamente a su favor. Con todo, nuestras universidades siguen cargando con ese lastre por el cual el candidato idóneo no suele ser el mejor, sino “el de confianza”. La independencia de criterio no es un buen requisito para ser un docente universitario con futuro, como veremos más adelante (espero).

sábado, 9 de febrero de 2013

LA MATER QUE NOS PARIÓ: REFLEXIONES SOBRE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA

Según el más reciente Academic Ranking of World Universities, también conocido como Ranking de Shanghai, no hay ninguna universidad española entre las 200 mejores universidades del mundo. Una posible explicación (frívola) de esos resultados es que hay pocos españoles elaborando ese ránking. Pero puede haber otras. ¿Qué hacemos mal?

Me propongo dedicar algunas entradas próximas a reflexionar sobre cuestiones cercanas al mundo universitario español, que encabezaré así, LA MATER QUE NOS PARIÓ. No serán análisis exhaustivos ni profundos, más bien revoloteos impresionistas basados en el ámbito que yo más conozco, el de las humanidades. Espero que no me acarreen el despido o un mayor ostracismo o, lo que es peor, el aburrimiento.

Foto de publico.es
Para abrir boca, comenzaré citando de mi novela universitaria, Calle Menor (otro día debería hablar un poco de ella, o, más que de la novela, de su recepción). En sus páginas hay un catedrático de lengua, Domingo, que de vez en cuando profiere opiniones sobre el mundillo. Ni las comparto totalmente, ni sus ejemplos son literales, ni los personajes están basados en personas reales (ha habido lecturas "biografistas" que han querido encontrar compañeros parodiados en cada personaje, lo cual resulta desastroso en un ambiente pequeño, "menor").

Las opiniones eso son, pero algo de verdad pueden tener. Digo yo.




[Oria, la profesora novata de latín, conversa con Domingo, el jefe de su departamento]


              –[...] Tu currículum es tu vida. Supongo que ya sabes que nuestra profesión es la más egocéntrica que existe...
            –¿La más egocéntrica? No hablas en serio...
            -–Totalmente. Un profesor de universidad se pasa la vida haciendo cosas para ponerlas debajo de su nombre. Que si artículos, monografías, ponencias, conferencias, estancias en el extranjero, organización de congresos, etcétera etcétera. Cada chorradica que uno hace se puede incluir en el currículum. Hay incluso quien maquilla los gastos de sus vacaciones por el extranjero para que le cuenten como estancias de investigación. ¿Y todo para qué? Para engrosar currículum. Lo importante es tener páginas y más páginas bajo tu nombre. Egocentrismo puro y duro profesionalizado. A ver, un albañil que levanta un tabique no escribe su nombre en cada uno de los ladrillos, o un médico no va por ahí firmando en la tripa de los pacientes que cura, ¿verdad? Un profesor universitario, sí. Cada pequeña cosa que hace lleva su nombre indeleble, y contribuye a engrosar el autofichero que cada uno llevamos. Busque y compare, ¿hay profesión más egocéntrica?
            –Pues, la verdad, nunca me lo había planteado así...
            –En fin, así es como están las cosas, y no lo hemos inventado ni tú ni yo. Igual que un músico ha de tener buen oído o un dentista tener habilidad manual, un académico debe tener el don del egocentrismo.
             Después, tras detenerse en una página y levantar la cabeza con el ceño fruncido, añadió:
           –De todos modos, a propósito de este tema, no siempre el currículum te saca las castañas del fuego. Mira, ayer mismo un amigo de otra universidad cercana me contó los resultados de una oposición a titularidad de universidad, en el área de historia medieval. Se presentaban varios candidatos, y dos “de la casa”. Uno, que llamaré Calixto, tiene apenas treinta años y ya ha publicado cuatro libros de monografías en editoriales buenas, un par de biografías, incluso otro par de poemarios y unos cien artículos, algunos en Alemania y Norteamérica. Llevaba cinco años de docencia en esa universidad como asociado, y tenía los mejores resultados en las encuestas de los alumnos. El otro candidato local, que llamaré Melibeo, entrado de rebote en la universidad para hacer sustituciones, que debía de tener tres o cuatro artículos publicados y una tesis infumable, aborrecido por los alumnos y temido por las alumnas de buen ver, tenía amigos en las alturas fruto de su antiguo cargo político. Pues, bien, se celebra la oposición, y ¿quién crees que la saca? Efectivamente. Y el pobre de Calixto se ha tenido que ir a la calle. Ahí tienes, el currículum no lo es todo en la vida. Hazte amigos, Oria, hazte amigos con las riquezas injustas.
            –Me dejas de piedra, Domingo.
            –Ya te acostumbrarás a oír historias de estas. Yo ya he oído muchas. Creo que fue Dámaso Alonso quien dijo que nadie conoce del todo la maldad del corazón humano hasta que no trabaja en la universidad. En fin, supongo que en todas partes cuecen habas, pero en la universidad la mala leche de unos contra otros es más sibilina, está revestida de intelectualidad y de eminencia. En el ejemplo que te he puesto, seguro que los cinco altos catedráticos de universidad que componen el tribunal son capaces de tirarse varias horas de verborrea justificando una decisión injustificable. Todo con tal de no reconocer el amiguismo, enchufismo, nepotismo… o, si me apuras, cipotismo. Je. En fin, Oria, que así es la vida.

(Calle Menor, p. 158-9)