SALUDOS, LECTORES...

Saludos, amigos, lectores y voyeurs, y bienvenidos a este blog.


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sábado, 19 de enero de 2013

HAY COSAS PEORES... "UN SUSTO A TIEMPO"

Dibujo de A.V. Grela
Después de un paréntesis considerable, vuelvo a colgar relatos revisados de Hay cosas peores que la lluvia. "Un susto a tiempo" trata de un excapitán de infantería que consigue trabajo de profesor en un colegio de secundaria, y no consigue mantener la disciplina entre los niñatos. Está escrito como ejercicio de economía narrativa, espero que no excesiva.




UN SUSTO A TIEMPO


    El amplio armario ropero de Papi estaba abierto de par en par, y sus uniformes amontonados. Sólo el cajón privado permanecía, como siempre, hermético.
            –Y entonces...¿qué va a hacer Papi ahora?
            –Nada, vida, se va a tomar unas vacaciones, que bien que se las merece.
            –Y entonces, ¿ya no volveremos a bañarnos en la piscina ni ir los fines de semana cuando las guardias?
            –No, de momento no, vida.
            –Y entonces, ¿ya no nos saludarán los soldados cuando vamos a ver a Papi cuando las guardias?
            –De momento no, vida.

            –Sí, vida. Algo tendrás que hacer. Lo que no te viene nada bien es pasarte los días mirándote el ombligo.
            –No, si ya lo sé.
            –Tú siempre aburriéndome con tus proyectos para cuando te dieran la transitoria, y ahora, zas, te la dan y no haces más que suspirar por tu vida pasada.
            –No, si tienes razón.
            –Y además, el asunto es un auténtico chollo. Te retiras a los cuarenta y uno, sueldo completo y sin incompatibilidades. ¿Qué más quieres, vida?
            –Sí ya, pero eso no es todo. Toda mi vida he estado en ese ambiente, rodeado de tropa, viviendo al son del toque de diana y bandera, fajina y retreta, a la orden mi capitán, sin novedad mi capitán, ¿ordena alguna cosa más mi capitán?
            –Oh, no empieces otra vez...
            –Formando hombres, formando soldados...
            –No, vida, no...
            –Enseñando a esos jóvenes...
            –Oye...
            –A cumplir con sus deberes para con la Patria...
            –Oye, se me acaba...
            –... venían niños, marchaban hombres...
            –…de ocurrir una idea... atómica.

sábado, 12 de enero de 2013

CÓMO SER ESCRITOR y no morir (del todo) en el intento


El miércoles 9 de enero participé en sendas actividades del Aula de Letras de La Universidad de Cantabria. La primera, que comenzó a las 14.00 horas, fue un taller de lectura centrado en Mientras ella sea clara. He estado antes en otros dos talleres similares en Logroño, uno de la Asociación ADEX-Rioja (16 dic 2011) y otro del Café con Libros en la Librería Santos Ochoa (28 febrero 2012). Se repite una experiencia muy gratificante: encontrar lectores inteligentes que han disfrutado con tu novela, que se han metido en los personajes y que han sacado sus propias conclusiones. Solo para hacer estos pequeños descubrimientos compensan los desvelos que conlleva escribir y publicar.
Foto: Javier Menéndez Llamazares

Por la tarde impartí la conferencia "Cómo ser escritor y no morir (del todo) en el intento". Quizá un  título un poco ambicioso, pero tenía sus implicaciones. Hablé de las razones que nos mueven a escribir, del doloroso proceso creativo, de las decisiones que hay que tomar. Luego, en una segunda parte, abordé aspectos más prácticos, la búsqueda de editor y la promoción del libro.  En este último aspecto bromeé con las  aplicaciones de la teoría llamada de la "muerte del escritor", sostenida por teóricos como Roland Barthes, Jonathan Culler, Jacques Derrida y otros, que de vez en cuando hacen instancias tales como el Gobierno de Cantabria o determinados medios. En efecto, mientras que Barthes et alii mantenían que se puede entender la obra sin prestar atención al autor, que pasa a ser un elemento prácticamente superfluo del proceso, los mencionados organismos a veces ponen en práctica tales teorías, sin duda para velar por la humildad del autor, virtud fundamental para el alma.
(Mis amados lectores, amigos y voyeurs que no sepan a cuento de qué viene esto que tengan paciencia, algún día lo relataré en este foro, si me siento inspirado).

Otros medios, sin embargo, te conceden algo de espacio, lo que socava ese afán de humildad antes comentado, pero que, una vez matizado por la consideración del clásico "pulvum eris", te deja un poso de gratitud. Agradezco, pues, a Gema Ponte y a R. Alonso, de El Mundo,  su cobertura del acto en toda una página.


Acabé hablando de la última fase de la escritura, el contacto con los lectores. En este aspecto destaqué lo que refiero al comienzo de esta entrada, la satisfacción de encontrar almas que se dejan tocar, siquiera ligeramente, por tu texto. Esto es, insisto, lo que compensa los trabajos y los sinsabores de quien, además de escribir, se propone que le publiquen y que el libro no caiga en el olvido. También hay, claro, quienes no te aprecian, no te entienden o te critican, incluso sin haberte leído. Pero, en fin, nunca llueve a gusto de todos, ¿no?

lunes, 7 de enero de 2013

MIGUEL IBÁÑEZ EN EL ATENEO RIOJANO


Este jueves 10 de enero nos visita Miguel Ibáñez, poeta cántabro, en el Ateneo Riojano, a las 20.00. Hablará de su último libro, "Fábulas y parábolas". Adjunto un extracto de mi reseña de este libro en "Fábula 33" (valga la redundancia).


Fábulas y parábolas
Autor: Miguel Ibáñez Editorial: La grúa de piedra Lugar y año: Santander, 2012 Páginas: 64
EL MILAGRO ES FRÁGIL
 


La de Miguel Ibáñez es una poesía de las cosas pequeñas, corrientes; ha aprendido a agudizar la vista y a ejercitar la capacidad de encontrar el lado poético de lo cotidiano: un pájaro, una nube, un árbol, un andurrial, un viaje, incluso una telaraña o los distintos tipos de luz. Pero no es la suya una poesía de la experiencia inane; Ibáñez tira del hilillo de la anécdota para formar todo un ovillo con implicaciones metafísicas. Tómese, por ejemplo, el poema “Dos mujeres que ríen”. Empieza con la fugaz escena captada por el espectador que pasa, cualquiera de nosotros ––“Parecen madre e hija. Van por la carretera/ cogidas de la mano, sorteando los charcos,/ y se ríen con risa descuidada y feliz”––; pero en la cotidiana estampa “hay algo que insiste en pervivir, y llama,/ y se parece al eco de la felicidad (...) Y pienso que he tenido la dicha de asistir/ a una revelación, uno de esos momentos/ en que el cielo se digna revelar a la tierra/ la música de fuego, el resplandor del ser,/ que no reside sólo en las alturas místicas/ de la contemplación, sino en la mano cálida,/ en el amor que ríe del mundo y de los charcos”.

Amor, risa, serenidad, esperanza, son, en efecto, algunas de las claves de este poemario, estructurado en forma cíclica en torno a un año completo, que empieza a principios de septiembre y termina, no por casualidad, el 15 de agosto, fiesta de la Asunción. Pero de las cuatro estaciones acaso la que predomina es el otoño, con su nostalgia serena, con su conciencia de que el año declina, prefiguración de la muerte (“presentimos el sueño de la rosa/ y un silencio vacío de cigarras”). Esta no se contempla, sin embargo, como tragedia, sino como “una vuelta a casa, un desandar”. Cuando llegue el momento, “el tiempo caerá de nuestras manos/ como un libro leído y releído/ que ya no tiene nada que decirnos”. Y, para acometer esta etapa, el narrador de Ibáñez, cual su probable modelo machadiano, quiere viajar ligero de equipaje (“nada quiero/que pese demasiado”), lo que implica no anhelar la posesión, ni siquiera de lo bello, “pues el milagro es frágil y se pierde/ cuando quiero ser dueño de la rosa”.

Son particularmente conmovedores los poemas dedicados a los antepasados, los que nos han legado lo que somos (“pues uno empieza a ser cuando los que antes fueron/ le transmiten la llama del recuerdo”) y nos preceden en el destino eterno (“que los vivos recojan lo que siembren”). Se sugiere así un nuevo ciclo, además del anual, que empieza por lo tangible, lo observable, lo que entra por los sentidos, pero luego se eleva hacia ese futuro que nos espera más allá, que para el poeta tiene que ser una “asunción” resucitada de lo que aquí nos hace felices, no una negación. “El mundo existe/ y existe el cuerpo tanto como el alma”. Espéranos, tierra, viene a decir Ibáñez, pero no tan solo como polvo. “Pienso en la muerte/ y la resurrección”, concluye.