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domingo, 28 de diciembre de 2014

DELACIÓN

Hoy, Fiesta de los Inocentes, parece ocasión propicia para publicar este nuevo microrrelato que combina uno de mis temas favoritos, la mezquindad, con el de la violencia de género... literario.


 
DELACIÓN
Mi exmarido siempre se consideró mejor que yo. Durante los primeros años de lo nuestro llegué a pensar que así debía ser, tan enamorado como estaba. Pero ahora lo considero intolerable, algo que no debo consentir. Por eso escribo esta delación.

He de poner de manifiesto ante la autoridad competente los graves errores en los que incurre Sebastián Fleitás para que se tomen medidas drásticas de modo urgente…
Sebastián posee una sensibilidad especial, lo admito. De hecho, nos conocimos en un recital poético. Sin apenas planearlo, nos sentamos juntos, y cuando el poeta local leyó el verso que dice “De tu entera raíz quiero la brida” con cadencia trémula, ambos nos sorprendimos suspirando al unísono. Ese fue el comienzo de todo. Luego vinieron cuatro años de relación, y cuando Zapatero nos permitió casarnos, nos casamos, él de blanco y yo de negro. ¡Cómo lloraron nuestras madres! ¡Cómo lloré yo!
Pero luego llegó la rutina, el día a día, y fue demasiado para él. No para mí, que me gusta lo ordinario, lo previsible. Yo le habría sido fiel. Pero él no podía vivir atado, dijo. Yo no quería darle el divorcio, me resistí cuanto puede, utilicé todas mis armas. Pero al final tuve que ceder, porque en España el divorcio es cosa de uno. Se separó de mí, me desdeñó, siguió su camino solo, o con otras compañías. Nunca le perdoné.
Con el tiempo su carrera literaria despegó, y empezó a publicar sus poemarios. Yo, desde mi trabajo como informador, procuré desinformar lo más posible. Me gané la confianza del jefe de sección, y conseguí que me dejara especializarme en literatura local. Lo hice todo por él, a él le debo haber dejado el fútbol regional, mi especialidad primigenia. Así, cada vez que llegaba una noticia de agencia sobre él, procedía a borrarla antes de que cayera en otras manos. Cuando esto no era posible, me esforzaba en el arte de la filigrana desinformativa, para no llamar mucho la atención, y conseguí resultados realmente significativos. En ocasiones le cambiaba alguna letra del apellido. Uno de mis principales logros fue informar de la presentación de un libro suyo de modo que no se supiera si el autor era él o el presentador. Otro, acaso aún más encomiable, fue cuando quedó finalista del Premio Nacional de Poesía, y solo le concedí un parrafito al pie de una página en la que había entrevistado a un vecino de mi madre que acababa de colgar su novela casera en internet. Eso sí que fue sutil, pardiez. Si, por un casual, su editor mandaba la información en un día que yo libraba, al cabo entraba yo en la sección digital del periódico, echaba mano de cinco o seis de mis treinta seudónimos virtuales, y llenaba el foro de descalificaciones o críticas demoledoras. Tengo su nombre en mi servicio de alertas de Google, para mejor buscar, y ni siquiera pasan un par de minutos desde que algo sobre él se cuelga en el ciberespacio hasta que me entero.
Pero, aún así, mi exmarido ha conseguido ser más célebre que yo en nuestra pequeña ciudad. Es algo que, todavía ahora, cuando redacto esta delación ante el webmaster, se me antoja intolerable.
… busca ante todo la autopromoción, y el texto carece de interés enciclopédico. Por estos motivos, sugiero la supresión de la entrada inmediatamente…
            Y es que podría soportar que siga escribiendo poemas sin que piense en mí. Incluso que le inviten a presentar más actos culturales que a mí, o que salga en programas radiofónicos como contertulio (¡con lo bien que lo haría yo!). Esas son facetas que aún no he podido contrarrestar. Pero lo que no consiento, de ninguna de las maneras, y máxime cuando yo he fracasado en ese empeño, es que el maricón de mi exmarido tenga su propia entrada en Wikipedia.

martes, 23 de diciembre de 2014

SOÑAR EN SERIO, DE ENRIQUE ÁLVAREZ


Con el permiso de su autor, transcribo reseña de este libro de relatos aparecida en Fábula, 36.

Soñar en serio, de Enrique Álvarez

Ed. Valnera, 2004
Lo primero que se lee de un libro es su portada. En Soñar en serio vemos un primer plano del Isaac de Caravaggio gritando a pleno pulmón —de impotencia, de incomprensión, acaso de indignación— mientras su padre Abraham está a punto de degollarle frente a una oveja que pasta en fondo gris con elegante indiferencia. La imagen remite a uno de los dieciséis cuentos del libro, “La barbacoa”, actualización de la historia bíblica, pero también nos aporta una certera aproximación al tono que nos vamos a encontrar en estos relatos inquietantes, aparentemente realistas, poblados de seres desquiciados que protagonizan tramas bien urdidas, narradas con estilo transparente y lenguaje preciso. En la mayoría de los relatos, un personaje que ha sucumbido mental o moralmente ante la presión insoportable de su vida irrumpe en la placidez existencial de otro, el narrador o el focalizador de la historia, amenazando así su existencia acomodada y desatando consecuencias imprevisibles, no siempre explícitas.
Juan Manuel de Prada, que recientemente ha dedicado toda una columna del semanal XL a este libro, adscribe a Álvarez en su misma categoría, la de “escritor católico”. Además del estatus de rara avis en el panorama literario español, me pregunto qué implica hoy ostentar este marbete. Ciertamente, la fe cristiana y la gracia son elementos temáticos del entramado de muchos relatos, pero no de un modo didáctico o edificante. Si bien los sacerdotes abundan más de lo habitual entre sus personajes –como declaró en una entrevista, le “atrae lo sagrado”— estos suelen mostrarse infelices, secularizados o abiertamente indignos. Al igual que en su obra anterior, Garabandal, La risa de la Virgen, nos encontramos ante cierto desarrollo del principio clásico de “corruptio optima, pesima”, la degradación de quien debiera ser digno es catastrófica.
Quizá, pues, lo que diferencia al escritor católico contemporáneo es su rechazo de la inanidad, de la insoportable levedad del ser, y su conciencia de la trascendencia del drama humano que cada uno representamos en esta vida. Así, las decisiones personales, los errores no detectados y no expiados, la corrupción personal ante el atractivo del mal, repercuten en nuestras vidas y en las de nuestros semejantes, y acaso en toda una eternidad. Las delicadas cuestiones morales que un escritor católico analiza y desmenuza encierran una insufrible radicalidad de fondo, aunque se planteen –como es el caso— con serenidad, innuendo y elipsis.
Mi selección personal incluiría el primer cuento, “Ángel en peligro”, en el que un psiquiatra se obsesiona con una paciente de aspecto angelical y llega a traspasar los límites de la profesionalidad; “Tres palabras de más”, sobre un periodista que afronta las consecuencias de no haber sido totalmente prudente ante su jefe; y “Un día y veinte años”, un relato dialogado que viene a arrojar luz, de un modo ingenioso, sobre otro aparecido anteriormente en el libro. También destacaría “Los ojos”, que viene a retomar una temática ya tratada en libros de relatos anteriores (El trino del diablo, por ejemplo), donde lo que ha destrozado al personaje-perdedor es precisamente la intolerable conciencia de ser un genio.
Luis Mateo Díez da una definición precisa en el prólogo: “Lo que Enrique Álvarez cuenta es siempre arriesgado, y el riesgo contiene la conmoción con que se puede leer, un riesgo que destila de la contingencia y las contradicciones en que el corazón humano se debate”. Por estos y otros motivos califica a Álvarez de “peligroso”. Sin duda, un narrador capaz de atraparte desde las primeras frases de cada relato y de mantenerte sin aliento hasta un desenlace a menudo inquietante es un peligro para nuestra complacencia.
Miguel Canterac

domingo, 14 de diciembre de 2014

Presentamos Fábula 36 el 11/12/14

El jueves 11 de diciembre, a las 8 de la tarde, comenzó el encuentro de presentación del número 36 de Fábula, organizado en el espléndido salón que nos cedió generosamente el Hotel Carlton Rioja. Nos acompañó un nutrido grupo de amigos y lectores de la revista, en un día en que Logroño no daba abasto en lo relativo a organización de actos culturales simultáneos (Premio de Novela, Aula de Cultura, Recital de Pablo Sáinz Villegas, presentaciones de libros, etcétera). Se estrenaron unos cuantos alumnos de la UR en sus diversos cometidos para sacar adelante la iniciativa. Por ejemplo, la mesita de venta estuvo atendida por Elizabeth y Nazareth, que consiguieron que se agotaran los ejemplares disponibles del 36; y Jonatan y Adrián tomaron notas para redactar la crónica del evento.

Elena Larrinaga (Foto UR)

El acto comenzó con unas palabras de Mari Cruz Navarro, vicerrectora de Estudiantes y Empleo de la UR. Luego, casi sin previo aviso, empecé a llamar al estrado a los autores del número 36 que estuvieran presentes, para que leyeran un breve texto o hicieran un resumen de sus relatos, si estos eran extensos. Todos se dejaron liar, y así, con una dinámica bastante ágil oímos algunas de las voces tan diversas que comparten páginas: versos de Lourdes Cacho y Rafael Romero, microrrelatos de Coke Martínez, Paco Páez de la Cadena y José María Araus, o resúmenes prometedores de las historias de Rev Llyn, Fran Oteiza o Jonatan González. Ante esta sucinta muestra de los textos que ven la luz en el número 36, a los que sacamos la revista nos confirmó que merece la pena superar los obstáculos (ver mi quejumbrosa entrada) para seguir descubriendo valores literarios.
Tras esta primera parte, dimos paso a la invitada. Inicialmente iba a venir el poeta cubano Raúl Rivero, pero problemas de salud lo impidieron, y en su lugar recibimos a Elena Larrinaga, también cubana y también comprometida con la libertad. Presidenta del Observatorio Cubano por los Derechos Humanos, miembro del Comité de apoyo del Instituto de Memoria Histórica de Cuba, fundadora del Diario de Cuba y representante de las Damas de Blanco en España, Elena Larrinaga nos cautivó con su tono sincero y arrollador. Nos animó a no desfallecer en la producción de cultura impresa (la que siempre pervive), porque la cultura es la mayor manifestación de libertad, y la aportación de opciones intelectuales y creativas contribuye a hacernos mejores y a ser más libres. Sin cultura no hay pensamiento, y resulta más fácil la manipulación ideológica o de otra índole. Comparó nuestra revista con otras fundadas en Cuba, que por desgracia han acabado sucumbiendo al control estatal.
En la fase de debate le interesaba especialmente que los jóvenes hicieran preguntas, y así fue, y se desarrollo un diálogo muy sugerente sobre la falta de libertad en Cuba, y las acciones que llevan a cabo Elena y sus compañeros para que sus compatriotas tengan más acceso a la información.

Contenidos de Fábula 36
A continuación transcribo el resumen redactado por Inmaculada Medina para la nota enviada a la prensa (de la que, ay, poco se aprovechó).

El nuevo número de Fábula 36 se inicia con el editorial que acompasa la voz crítica de estos tiempos y esboza un elogio entusiasta a la resistencia del arte y la sensibilidad literaria por encima de recortes y diezmos inexorables. La sección VERSOS, VERSOS viene cargada de melodías varias y cacofonías rutilantes trazadas a pie de verso. Lourdes Cacho dialoga con el tiempo y la muerte, Manuel Prendes con la vida y la épica, Rafael Romero o Federico Scarini con la conciencia y el alma. La sección de HISTORIAS incorpora ficciones domésticas y míticas, micro-narrativas y artísticas…en las sutiles voces de María Tena (Finalista del Herralde en 2002 y 2007), Coke Martínez, Jesús Serna, y Asier Triguero. Discurre además, por relatos de posguerra y hambruna, metafísicos y empíricos, heideggarianos y urbanos…a cargo de Rev Llyn, Roberto Vivero o Fran Oteiza. Son al fin, historias fugaces y voraces, de rabia y de celos, que conversan con la propia lógica del constructo y la magia metafictiva…en las plumas de Paco Morales, Juan Amancio Rodríguez, Luis Arévalo y Pablo González. Son también historias de herrerías e infancia, castellanas y anglófonas, de verdades diluvianas o pálpitos insondables del cívico presente – como las de María Ordóñez, Paco Páez de la Cadena y Raquel Villar. Por su parte, la sección ÓPERA PRIMA de Jonatan González fusiona la crónica de suceso y la necrológica, el fast-food chain y los mass media, para relatar la impactante historia de Kiko y Sara.
El presente número incluye los cuatro escritos ganadores del I CONCURSO DE MICRORRELATOS FÁBULA-PLANETA EÑE, que ha concedido el Primer Premio a Sandra Fernández por “Entierro”. La sección LETRA EN MOVIMIENTO, dedicada a los hermanamientos entre cine y literatura, ofrece esta vez un relato del periodista Jonás Sáinz que constituye un homenaje a la película Calle Mayor. PERROS VERDES nos presenta la ínclita figura del periodista reformista riojano Gaspar Rico y Angulo, crucial en la lucha combativa contra los nepotismos peruanos durante el sudamericano Siglo de las Luces, al albor de las rebeliones románticas de independencia del siglo XIX. El número culmina con una actualización de reseñas y novedades en la informativa sección DE AQUÍ Y DE ALLÁ, y con flashes de la Quinta Edición del Taller de Crítica y Creación Literarias, que contó con la charla cálida y erudita de Gustavo Martín Garzo.
Desde el punto de vista gráfico, es destacable la colaboración de la fotógrafa Malele-María Martínez, y la colorida portada a cargo de la joven Carmen Argüelles, estudiante de Historia en la UR. Tal como sugiere el editorial, en el futuro Fábula se propone movilizar aún más a los jóvenes talentos de la Universidad de La Rioja, para seguir siendo un punto de referencia ente los estudiantes con inquietudes literarias y artísticas.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Presentación de Fábula 36

Este jueves, 11 de diciembre, presentamos el número 36 de Fábula, que se ha hecho de rogar.
Será en el Hotel Carlton de Logroño (c/ Gran Vía, 5) a las 20.00, con la intervención del poeta cubano Raúl Rivero como padrino.

¡Invitado el que lo lea!