SALUDOS, LECTORES...

Saludos, amigos, lectores y voyeurs, y bienvenidos a este blog.


Si quieres echar un vistazo a mis libros, haz clic aquí.

domingo, 18 de enero de 2015

YIHADISMO DE FICCIÓN


Mi último libro de ficción, como mis visitantes de este blog seguro que saben, se titula Solo yo me salvo, publicado en 2011, aunque la novelette que aporta el título fue ideada en 1998 y escrita en 2006. Además de ilustrar la parsimonia con que me tomo esto de escribir, el relato presenta una visión satírico-futurista de la España de mediados del siglo XXI. En los años que han transcurrido desde su ideación hasta hoy he comprobado mi previsión de ciertos desarrollos político-sociales acaecidos posteriormente: el Ministerio de Igualdad, la implantación del lenguaje no-sexista, el matrimonio autosexual, la petición de devolución de la Mezquita de Córdoba, la campaña independentista catalana…, incluso la estética de Conchita Wurst, ganador/a de Eurovisión 2014.

En esta distopía supuestamente humorística no falta el yihadismo con sede en España. Los votantes de fe musulmana ya tienen la mayoría necesaria para plantear sus legítimas reivindicaciones por vía política, pero aún así sobreviven núcleos de lucha armada, siguiendo esa táctica de la pluralidad de frentes ya ensayada previamente por los independentismos extremos. Así comienza el capítulo VI:

En pleno centro de Logroño, la capital del país, cerca del paseo del Ebro, se erige un edificio colosal con más de cinco siglos de antigüedad. Fue posiblemente la mezquita medieval más importante de la ciudad, lugar de paso de transeúntes, pero ahora nada queda del edificio original tras su completa reforma en el siglo XVI. Construido en piedra en estilo renacentista con bóvedas estrelladas y una impresionante torre, su fachada, de estilo barroco, se remata en su parte superior por una especie de tribuna en la que destaca un grupo escultórico que representa al héroe Musa Ibn Nusair, vestido con túnica volandera y gorro de ala ancha, blandiendo una afilada espada con la que ha cortado las cabezas de los blasfemos cristianos aferrados a sus privilegios y las ha arrojado al suelo. Su alazán árabe, obra maestra de la escultura islámica, simboliza por el tamaño de sus genitales el vigor de una fe que llegará a extenderse masculinamente por todo el orbe en el momento que Alá disponga.
            El edificio, donado por el Ayuntamiento hace unos años a sus actuales propietari@s (lo cual, lejos de ser un acto de generosidad, supuso la lógica reparación patrimonial efectuada con más de diez siglos de retraso) es la principal mezquita islámica de la capital, sede también del partido Islam Unido (IU), la tercera fuerza política del país. Si atravesamos la gran nave de ciento veinte pasos de larga por sesenta de ancha, formada por arcos rebajados de indisputable mérito arquitectónico, y nos adentramos en la sala que hallamos a mano derecha, protegida por puertas blindadas de veinte centímetros de grosor, hallaremos a Abdelmajid Al Moolak, líder de IU, entrevistándose en secreto con Yusuf Abdelkrim Azizi-Larramendi, un conocido luchador por la libertad, del que se dice no haber aún asimilado la inactividad que conlleva la victoria.
            —No dar nada por supuesto, Abdelmajid, ése es uno de mis lemas favoritos. […] No dar nada por supuesto ni dejarles descansar. Ellos no tienen resistencia, nosotros somos lo permanente. […]
            —Ya sé, hombre, ya sé. Pero vayamos al grano. Las cosas se están poniendo algo difíciles...
            —No te puedo creer —replicó Yusuf con una gota de nostalgia en la nariz que se le resbaló por su rostro cubierto de cicatrices—. Ojalá las cosas volvieran a ponerse difíciles de verdad. Ahora nada es como antes. Ya no hay oportunidades de dar la sangre por Alá y ser recibido inmediatamente en los eternos jardines en que corren los ríos, donde nos deleitaremos con nuestras mujeres apoyados en divanes bajo la sombra...
(Solo yo me salvo, 46-7)

Cuando el pulcro e ilustrado Abdelmajid dice que “las cosas se están poniendo algo difíciles” se refiere a ciertas resistencias que el gobierno de España (con sede en Logroño) está poniendo a la devolución de La Alhambra a los musulmanes. Para acelerar el proceso, IU decide presionar aprovechándose del escándalo mediático causado por la irrupción de un ciudadano nonagenario que no ha cumplido con la eutanasia reglamentaria al que tod@ votante se somete de buen talante al cumplir los 71. Se ejercerá presión desde varios frentes, el político, el mediático y el armado. En efecto, presenciaremos bombas, atentados y secuestros… Y una conversación entre el líder de IU y su rehén:

–No sabe lo que le agradecemos su aportación a la Causa. Los cosas nos iban yendo muy bien en los últimos años, no podemos quejarnos, pero a veces las autoridades hacen amagos de no ser… ¿cómo diría? todo lo condescendientes que deberían, ¿entiende? A veces traicionan el verdadero espíritu de una auténtica alianza de civilizaciones, de nuestras dos civilizaciones. Es una cuestión de tiempo: ellos son débiles y en declive, nosotros fuertes y en crecimiento. Es cuestión de dejarles que sigan con sus familias rotas, sus abortos, contracepciones, esterilizaciones, eutanasias… en fin, el culto a lo estéril, ya sabe. Ellos seguirán desapareciendo, física o, al menos, mentalmente, y nosotros seguiremos multiplicándonos, como nos mandó Alá. Es cuestión de tiempo. Pero a veces algunos de los nuestros se inquietan y quieren acelerar las cosas. Yo, por mi parte, soy de los que prefieren esperar. Los ataques suicidas no estuvieron mal en otros tiempos, quizá más heroicos, pero ahora ya son anacrónicos. Ahora es cuestión de recoger tranquilamente lo sembrado. Con todo, pequeños incidentes como el suyo contribuyen a una sana aceleración. Y, además de los frutos inmediatos que se prevén, de paso apaciguamos a nuestros sectores más impacientes. A algunos les sigue entusiasmando la acción… (p. 96).

No voy a contar más, por si alguno cae en la tentación de leer la historia. Esto es muy humorístico, ¿a que sí?
¿Cómo? ¿Quién dice que no…?


martes, 6 de enero de 2015

EPIFANÍA


La revelación fue demoledora. Y Toñín no se esperaba hoy semejante demolición de uno de los pilares en que reposaba su plácida infancia. Pero Mamá había decidido que, de no hacerlo ella, a la vuelta de las vacaciones navideñas lo haría algún compañero de cole maleado por sus hermanos mayores, o por sus amigotes. Y, en ese caso, sin duda el efecto sería aún más traumático.
            Si acaso Mamá había llegado a sospechar que su hijo ya lo sabía, ahora comprobó que se equivocaba de plano. Es más, sus entrañas maternales se desgarraban al contemplar el llanto desconsolado de Toñín. “A lágrima viva” o “a moco tendido” son expresiones gráficas insuficientes para describir lo que estaba presenciando, ese vaciarse del alma inocente a través de las lágrimas, esa indefensión hermanada con la amargura por la que se estaba escapando la primera infancia de su hijo, acaso la etapa más entrañable de su vida.
Cuando por fin el niño se repuso un tanto, lo primero que farfulló fue esta quejumbrosa súplica:
            –Pero júrame que el Ratoncito Pérez sí que existe. Júramelo, Mamá. Pérez es de verdad, ¿a que sí?