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domingo, 20 de mayo de 2018

Narrativas que funcionan

Como avancé en la última entrada, ya se abrió la inscripción para los cursos de verano de la Universidad de La Rioja, entre los que está el VI Taller de Creación y Crítica Literarias: Narrativas que funcionan. Responde a un formato similar al de los que organicé entre 2010 y 2014: sesiones vespertinas de dos horas, teoría combinada con práctica, invitados de prestigio del mundo literario --escritores, críticos y editores-- con buenas habilidades comunicativas, que nos hagan aprender disfrutando.
    En esta edición hay caras clásicas y otras nuevas. Arranca el 26 de junio con la intervención de Rubén Abella, novelista, cuentista y profesor. Rubén es el único que ha repetido en las seis ediciones, y sus oyentes saben por qué. En sus sesiones, impartidas con vivacidad y entusiasmo, explica con claridad varias estrategias narrativas y pone tareas que las ejemplifican bien.
    Berna González Harbour es nueva en estos talleres. La escuché en una mesa redonda de periodistas-escritores en Logroño hace unos meses, y me decidí a ficharla. Redactora de El País, en los últimos años viene siendo una autora aclamada dentro del género negro, como atestigua su reciente novela Las lágrimas de Claire. Hablará el 28 de junio.
     El lunes 2 de julio le toca el turno a Manuel Pérez Saiz, profesor de la Universidad de Cantabria, novelista, y creador del revolucionario "Método de los relojes" para la enseñanza del español. Manuel ya revolucionó al alumnado del taller en 2014 con sus propuestas rompedoras y desconcertantes, y con su modo de conducir las clases lleno de humor. Las expectativas están altas.
     Leticia Bustamante Valbuena es especialista en el microrrelato hispánico, y debutó en 2014 con una vibrante charla llena de ejemplos de las diversas categorías en las que se puede clasificar este (sub)género tan en boga. Hablará el jueves 5 de julio.
   La última semana nos reserva tres sesiones: el lunes 9 de julio intervendrá Juan Cerezo, editor literario de Tusquets, para analizar la actualidad desde la perspectiva del editor; el miércoles 11 será Alberto Marcos, editor de Random House y reconocido escritor de cuentos. El jueves 12 clausura el taller nuestro querido bestseller Andrés Pascual, también sospechoso habitual de estos talleres y excepcional comunicador, quien nos revelará algunas (no todas, claro) claves del éxito.
    El día de la clausura uno de nuestros patrocinadores, Solar de Samaniego, nos invitará a una degustación de buenos vinos. También a lo largo del taller los asistentes recibirán algunos regalos, como ejemplares de la revista Fábula donde han publicado algunos de nuestros invitados; y al finalizar el taller los relatos de los asistentes podrán optar a la selección para Fábula 43. ¿Hay quien dé mas por los 35 € que cuesta la matrícula?
    La inscripción se debe realizar a través de la página web de la Universidad. El único problema es que solo hay 45 plazas. Así que recomiendo darse prisa.


(El taller está patrocinado por la Fundación San Millán y la bodega Solar de Samaniego, y colaboran el Centro Ibercaja, la editorial La Cabaña del Loco, y la asociación ARLEA)



domingo, 13 de mayo de 2018

TRES ACTIVIDADES LITERARIAS PRÖXIMAS

Esta semana me toca anunciar tres actividades literarias en las que estoy implicado. Las dos primeras sucederán en la semana próxima, es decir, la del 21-27 mayo. La tercera es para finales de junio, pero comienza la inscripción en breve.

La primera es la presentación del número 42 de la revista literaria Fábula, que llega así a sus 22 años de vida. Este número tiene varias sorpresas gratas, pero a nivel interno supone la incorporación a la revista de un nuevo equipo de redacción con mucho entusiasmo y competencia. ¡Bienvenidos! El acto vendrá amadrinado por Espido Freire, tal como se detalla abajo:


La segunda actividad es la tercera (¡y última!) presentación en Logroño de mi novela Descubre por qué te mato. Si estás por los alrededores, te agradeceré tu compañía. Si no sabes por qué es conveniente acompañar a los escritores en su post-parto, sugiero que releas esta entrada antigua.

Por último, esta semana se abrirá el plazo para la inscripción en el VI Taller de Creación y Crítica Literarias, que se llevará a cabo entre el 26 de junio y el 14 de julio. Obedece a un formato similar a los talleres que organicé entre 2010 y 2014 (ver aquí). Vendrán algunos sospechosos habituales, y otras caras nuevas que tienen mucho que decir.

Os espero. En uno, en dos, o en los tres.

domingo, 6 de mayo de 2018

No hay más que una

Hoy, día de la Madre, resucito un antiguo relato de cuando la gente se escribía cartas. No sé qué tal habrá envejecido...


NO HAY MAS QUE UNA


            Qué lata de correo, todos los días cientos de propagandas que ni te interesan ni te sirven para nada. Ya podrían gastarse los dineros en algo más de provecho, no te digo. En fin, lo que es yo, no pienso despertar a Tinín para darle esta carta, desde luego que no. Con lo lindo que está mi niño ahí todo dormidito, soñando con los angelitos, como cuando era pequeñín. No, yo no le despierto, de ninguna manera, qué ganas de molestar tienen esos amigotes.
           Y eso que he procurado que Tinín no se echara muchos amigotes porque ya sabes cómo son los niños de ahora, que en seguida se las saben todas, son unos granujas y unos pícaros de tomo y lomo, te lo digo yo, que no tengo un pelo de tonta, ni nunca lo he tenido, mucho ojo. Y es que ahora saben mucho más del sexo y todas esas cosas, pero lo que es madurar, mucho más inmaduros que los de antes, te lo digo yo. Antes nos enterábamos de las cosas de la vida cuando teníamos que enterarnos, ni más ni menos, pero lo que es ahora, es que estos niños que no saben por dónde les da el aire ya se creen que por ver cuatro escenitas de cama en la tele... Pues eso, que los niños de ahora no son buena compañía, y por eso yo siempre he procurado que mi Tinín no se hiciera muchos amigotes, que conmigo y su padre ya tenía bastante, vaya que si nos desvivíamos por él, y luego conmigo sola, cuando el canalla de Federico se marchó, también tenía bastante, que vaya que me ha dado guerra la bendita criatura, tener que hacer yo de padre y de madre y tener que sacarle adelante yo sola a base de cariño maternal y fortaleza paternal, vaya que sí.
            Pero yo creo que lo he hecho bastante bien hasta ahora, ¿no?, no me ha salido mal chico de momento, y si te digo la verdad no creo que se vaya a echar a perder, mi Tinín, que siempre ha sido un niño adorable, un encanto, siempre me lo han dicho las vecinas. ¿Te acuerdas de Paca, la que trabajaba en los ultramarinos de abajo? Siempre le echaba unas flores que ni veas, que si vaya niño tan tranquilín, que si no llora nunca ni nada, que si parece un ángel caído del cielo... Que no, que Tinín no se me echa a perder, de eso me encargo yo.
            Y es que todo eso de los niños de ahora se debe mucho a que las madres son unas dejadas y unas pendones. Fijo. Si habrían tenido que partirse la espalda sacando adelante a sus hijos como yo con Tinín no estarían por ahí tan preocupadas de que si la manicura, de que si la peluquería de los miércoles, que si un modelito más preto... Es que las madres de ahora no sé en que piensan, te lo digo de verdad. Una madre se debe a sus hijos, que para eso los ha traído al mundo, leñe, y deben de ser su principal preocupación: educarles y cuidarles a lo largo de toda su vida, sin tomarse nunca vacaciones. Ese es el destino de toda madre que se precie, y eso es lo que yo he procurado hacer toda mi vida, bien lo sabes.
            Y es que con unas madres tan dejadas y tan preocupadas sólo de sí mismas no me extraña que salgan esos hijos tan torcidos que ni sé. Por eso las salen así con pendientes, con coletas, sucios y maleducados, y de esos que le dan a la litrona desde los pocos años. Para eso Tinín ni gota de alcohol, te lo digo yo. Ya me he encargado yo bien de eso, ya.
            A todo esto, quién será ese tal Ambrosio, o Emilio, que le da tanto la lata. ¿No será ése que se iba a casar hace poco? Vaya prisas por casarse, los jóvenes de ahora, si es que no me extraña que luego haya tantos divorcios y tanta puñeta. Pero lo que es yo, no pienso ni despertar siquiera a Tinín para que lea la carta, ya la leerá luego si quiere. A ver.
            Si es lo que yo digo, con tanto niño inmaduro que se casa, no me extraña luego tanto divorcio. Lo del canalla de Federico es que no tiene nombre, pero ahí me tuviste a mí firme, sin ceder a sus excusas. Si se quiere ir, que se vaya por ahí, pero, lo que es yo, yo sigo en mi sitio, ¿entendido? A ver, no voy a seguir, qué poco me conoce.
            Lo que me pregunto es si debería de abrir la carta yo antes, no vaya a ser el típico amigote caradura que le empieza a meter ideas raras en la cabeza a mi Tinín. Ya sabes lo bueno que es, y que por eso precisamente igual es capaz de tragar lo que le echen. Si le conoceré yo… Y si alguno de esos amigotes le empieza a absorber el cerebro y que si patatín, que si patatán, y no... yo por ahí no paso.
            Sí, creo que será mejor que la abra y vea a ver qué dice.

            "Querido Martín", vaya con las confianzas de este tío. "Hace siglos que no tengo noticias tuyas. ¿Es que te ha tragado la tierra o qué? La boda, como comprenderás, salió fenomenal. Te esperamos hasta el último momento, pero tú sabrás por qué no pudiste venir." Pues Tinín no va porque no nos da la gana de que vaya, no te digo. "Además, te perdiste una barra libre generosa." Eso no sé a santo de qué viene. "Desde que volvimos de Jamaica la vida para mí tiene un color distinto. Es una maravilla estar casado." Qué cantidad de tonterías dice este memo, si sabré yo lo falsos que son los matrimonios de recién casados. Luego no se cumple nada de lo que se dice. Nada. "Te recomiendo que pases tú también por esta experiencia, que ya vas teniendo tus años. Es maravilloso. Me despido ya, pero escribe por fin de una vez, por favor, que nadie sabe nada de ti ¿Lo harás? Un abrazo, Emilio."
            Qué cosas tiene este sinvergüenza, sugerir a mi Tinín que se case... Ya se casará, cuando yo me haya ido y ya no tenga nadie en este mundo que le pueda cuidar. Pero hasta entonces ni maldita falta que le hace echarse novia, no te digo, qué ideas le meten los amigotes en la cabeza, habráse visto. Pues lo que es yo, voy a romper la carta pero ya, que una madre tiene que velar a toda hora para que a su hijo no le embauquen con las paparruchas que llegan por todas partes. Hala, ya está. A la basura, casamentero de las narices.
            Y pensar que por un momento se me pasó por la cabeza de despertar a Tinín para darle la carta... Si es que hasta una madre que se desvive tanto como yo tiene sus momentos de debilidad. Pero he de ser fuerte, porque una madre es una madre para siempre.
            Y yo a mi niño no le despierto pase lo que pase ahí afuera, y no me importa que siga durmiendo mucho mucho tiempo más, otros quince días más, porque Tinín está dormido ahí en su cama, ¿me entiendes?, está dormido, y ni a ti te permito que bromees con eso, ¿está claro? ¿Está claro?

martes, 1 de mayo de 2018

El chachachá del tren

El tren siempre ha sido mi transporte favorito. Cada vez que puedo me encanta sentarme junto a la ventana y contemplar la sucesión de campos y cielos, edificios y colinas, árboles y postes, de estampas cinéticas de vidas que no son la mía y que solo pasan unos segundos por mi vista.
            Además de la contemplación, el tren siempre ha constituido un entorno propicio para la lectura, e incluso la escritura. Muchos de mis (pocos) poemas han nacido en vagones, acunados por el suave traqueteo. Sin embargo, recientemente no es tan fácil gozar de esta tranquilidad idílica de antaño.
"Mujer leyendo", de Hopper

Hace pocos días fui a Madrid invitado por una universidad para disertar sobre mi viejo amigo Waugh. Regresé en el Alvia de las 18:35 y me dispuse a concentrarme para disfrutar de tres horas y media de deliciosa lectura. La película anunciada no suponía una tentación: ya la habían puesto el día anterior (¿habría cerrado el cineclub?) y no merecía una segunda vista. Se trataba de la historia de una tenista norteamericana de los 70, feminista como Dios manda, que, irritada por cobrar menos que los hombres, acaba retando a un antiguo campeón a disputar un antológico partido. Su contrincante, por supuesto, es un cerdo machista. Ella, por supuesto, le derrota, pasa a la historia, deja al santo de su marido para irse a vivir con su peluquera, y prosigue con la lucha. Lo mejor era el título, “La batalla de los sexos”, un apto resumen de la esencia de gran parte de la matraca contemporánea.
            Pero me estoy yendo por las ramas. Me disponía, pues, a disfrutar de tres horas y media de deliciosa lectura, y a no dejarme distraer por los problemas domésticos de la viajera de dos asientos atrás, por la visita de negocios que estaba programando el del otro lado del pasillo, o por las broncas con su ex de la joven bien vestida de delante. Pensaba que sería capaz de conseguirlo cuando hete aquí que irrumpió en el vagón un grupito de cuatro hombres y una mujer, con guitarras y acentos andaluces, que con gran animación y jolgorio lo transformaron en su chiringuito.
Parece que venían a Logroño a dar un concierto flamenco, y, quizá para que todos nos enteráramos, prescindieron de sus auriculares y nos obsequiaron con las mejores reproducciones (en música enlatada de móvil pero a buen volumen) de sus mejores conciertos, o los de Camarón, o Tomatito (no alcancé a discernir). Nunca acababan de instalarse, pues tan pronto iban como venían. Algunos salían con sus cigarros apagados a aprovechar los segundos de parada en cada nueva estación, que solían ser insuficientes. Cantaban y escuchaban apreciativamente antologías flamencas, todo con buen rollo y sana algarabía.
        A pesar de lo anterior, declaro que conseguí leer, si no todo lo que pretendía, sí lo suficiente. Tampoco es que me enfadara con ellos. Su consideración hacia el prójimo no me parece ejemplar, salvo que consideren genuinamente que lo mejor que le puede pasar a un ser humano es apreciar el cante jondo. Pero sí que hay algo de ellos que me inspiró algo parecido a la (sana) envidia: sus carcajadas. No recuerdo cuándo fue la última vez que me reí una cuarta parte de lo que cualquiera de ellos se rió en este trayecto, con todo el cuerpo. Quizá nunca lo he hecho.

domingo, 22 de abril de 2018

Encuentros literarios Ateneo 1996-2001



ENCUENTROS LITERARIOS EN EL ATENEO RIOJANO, 1996-2001

En estos días de ordenar viejos papeles me he encontrado con las memorias de actividades del Ateneo Riojano desde 1996 hasta 2001. ¡Qué tiempos! La entonces presidenta, Rosa Herreros Torrecilla, me fichó con ese encanto suyo irresistible para que organizara los encuentros de autores jóvenes (o no tanto) junto con Jesús Miguel Alonso Chavarri, matemático y novelista.
            No fue tarea demasiado difícil. Eran los primeros años de la revista Fábula, que servía de catalizador de las inquietudes del puñado de escritores que surgía en cada nueva hornada de potenciales filólogos de la Universidad de La Rioja. Yo me acababa enterando de tales inquietudes porque, además de dirigir la revista, impartía, en primero de Filología Hispánica y de Humanidades, una asignatura titulada Historia de la Literatura Inglesa. Una mera introducción, doce siglos en cuatro meses, pero creo que a los alumnos les agradaba, aunque solo fuera por ser una de las primeras asignaturas de perfil literario que encontraban al poco de aterrizar en una facultad de letras. Luego a algún genio de la planificación universitaria (ignoro a quién) se le ocurrió que era mejor sustituir esta asignatura por otra de inglés práctico, un soso B1 que llovía sobre mojado. Pero, en fin, esa es otra historia.

            El caso es que por aquellos días invité a leer sus poemas o relatos a varios escritores en potencia o a jóvenes promesas, algunas luego cumplidas. Era enternecedor invitarles a subir al estrado y verles soñar con el (presunto) poder de su pluma, y oírles responder a preguntas que les tomaban totalmente en serio (“¿Cuál es tu rutina de escritor?”, “¿Cuál es tu próximo proyecto?”). Me anima pensar que, si no surgió alguna vocación literaria de esos encuentros, al menos sí se impulsó más de una (aunque, si se dio el caso, tendré que esperar a mi funeral para enterarme).
            Estos son algunos de los actos que he rescatado de los papeles. Soy consciente de que hubo alguno más, pero no tengo la referencia en este momento. También creo que empecé a colaborar con Jesús Miguel antes de 1998, así que pongo entre corchetes los encuentros de cuya participación mía tengo alguna duda. Mi reconstrucción es, pues, como sigue:

            [Begoña Abad y Elvira Valgañón, 26 noviembre 1996]
            [Eneko Ezquerro y Bruno Belmonte, 20 marzo 1997]
            [Pio García Tricio y Paulino Lorenzo, 14 mayo 1997]
            [Eugenio Sáenz de Santa María y Javier Jiménez, 20 noviembre 1997]
            María Luisa Lázaro, Álvaro de Apellániz y Ana Ruth Estebas, 22 enero 1998.
        Helena Ortíz, Óscar Hinojosa, José Luis Pérez Pastor, Santiago Vivanco (que sustituyó a Javier Sáenz Pinillos), 1 abril 1998.
           Manuel Prendes, Mireia Alonso, Ángel Fernández y Diego Marín A., 26 noviembre 1998.
            Vicky Pérez Herreros, Javier Solana, Miguel Zurbano, 25 marzo 1999.
            Begoña Abad, Javier Benayas, Elena Arnáez, 6 mayo 1999.
            Jorge Martínez Sanz, Carmen Beltrán, Miguel Solivera, 18 noviembre 1999.

          Rebeca Gómez Aiello, Luis Ángel Ruiz Ruiz, Vanesa Bobadilla Sáenz, 20 enero 2000.
            Eduardo Ochoa, Santiago Vivanco, 14 febrero 2000.
            Sonia San Román, David Moreno, Leonardo Soto, 23 noviembre 2000.
           Eduardo Ochoa, Santiago Vivanco, César Novalgos, Ignacio Balmaseda, enero 2001.
            Azucena Escalona, María José Marrodán, Carmen Loma-Osorio, 8 marzo 2001.
            Recuerdo este último recital con cierta melancolía. Mi padre había fallecido tres días atrás y no me encontraba con demasiado humor. No fue el último que coorganicé, pero sí del que tengo referencias, y posiblemente el principio de mi progresiva retirada de la organización de tales eventos, que me llevó a centrarme más en mi propia cantera de oportunidades, la revista Fábula.
            Y, aunque ante mi vista han seguido desfilando otras miradas de ilusión y sano (o no) orgullo autoral, en ocasiones recuerdo con cariño la sencillez entusiasta de estos encuentros literarios en el Ateneo, y deseo que el tiempo no me ponga demasiado de vuelta. Solo lo justo.


domingo, 15 de abril de 2018

Ciega, sordomuda

En ocasiones lees noticias que hacen que se deteriore tu noción ideal de la justicia, que te plantees que acaso no sea tan ciega, o tan lista. Como la de una sentencia dictada esta semana sobre el homicidio a un asaltante violento que allanó la casa de un octogenario.
Según se relata en la prensa, don Jacinto Silverio, un anciano de 80 años que no puede apenas andar, se encontraba con su esposa y cuñada en su vivienda, situada en la periferia de la localidad tinerfeña de Arafo, cuando en la noche del 1 de marzo de 2015 irrumpieron dos jóvenes enmascarados y armados con un formón y una pistola (que resultó ser falsa). Los ladrones golpearon a don Jacinto, le encañonaron en la sien, luego golpearon a su esposa de 69 años (le quedaron varios hematomas y erosiones en las piernas y mano, además de estrés postraumático y artrosis postraumática)  y les exigieron todo el dinero que hubiera en la casa. Don Jacinto, haciendo acopio de valor y de sangre fría, les condujo a un mueble en el que supuestamente guardaba el dinero, y de un cajón sacó una pistola de verdad y disparó dos tiros, uno al suelo, y otro que mató al atracador adulto (el otro era un menor). Se da el caso de que el atracador superviviente confesó ante el jurado que él “habría hecho lo mismo que Jacinto”, o incluso más, “no dejaría que se escapara ninguno”.
Pues bien, el magistrado ha condenado al anciano a dos años y medio de prisión y a pagar 20.000 euros a la madre del fallecido, al considerar que el atenuante de legítima defensa es “incompleto”, pues considera que el procesado “tenía otras alternativas menos gravosas”, tales como “efectuar un nuevo disparo al suelo en espera de disuadir al asaltante para que finalmente abandonara la vivienda”.
Nos imaginamos a su señoría el juez en una situación similar, que seguro que resolvería perorando ante los atracadores y conminándoles a deponer su actitud en pro de una convivencia pacífica intergeneracional y de un genuino espíritu de honorable ciudadanía. O quizá les adormecería recitando uno de los miles de temas con cuya memorización consiguió aprobar la ardua oposición a la judicatura. Pero el bueno de don Silverio, acojonado perdido y viendo que estos cafres estaban dispuestos a masacrarles a él, a su esposa y su cuñada, no tenía tanta elocuencia. Y ahora lo tiene que pagar. Mucho más caro que si hubiera cedido, por cierto.
Pues eso, que en ocasiones puede parecer que la Justicia es, como diría Shakira, “ciega, sordomuda,/ torpe, traste y testaruda”. Con todo, conviene recordar que el sistema que tenemos en un estado de derecho sigue siendo el menos malo de los posibles. Y si a alguien se le ocurre otro mejor, por favor que lo diga.


domingo, 8 de abril de 2018

Vargas Llosa a la hoguera

Hace tres semanas Mario Vargas Llosa publicó una columna en El País que ha provocado revuelo. Titulada “Nuevas inquisiciones”, trata de los dogmatismos que a lo largo de la historia han amenazado la literatura, ese reducto último de libertad. La parte más conflictiva es su afirmación de que

“ahora el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades, es el feminismo. No todas las feministas, desde luego, pero sí las más radicales, y tras ellas, amplios sectores que, paralizados por el temor de ser considerados reaccionarios, ultras y falócratas, apoyan abiertamente esta ofensiva antiliteraria y anticultural. Por eso casi nadie se ha atrevido a protestar aquí en España contra el “decálogo feminista” (El País, 16/3/2018)”.

Las reacciones, como era obvio, no se han hecho esperar. Esta semana en La Rioja, sin ir más lejos, las Juventudes Socialistas han exigido que Vargas Llosa se retracte públicamente de su “intolerancia”, o pugnarán para que la Universidad de La Rioja le retire el doctorado “Honoris Causa” que le confirió en 2007. (Ver noticia)
A mi esta situación me recuerda un poco los chistes que se contaban cuando yo era niño (¿se prohibirán pronto?): “Mamá, mamá, en el colegio me llaman loco.” “¿Y quien te dice eso, hijo?” “Pues todos, las paredes, las sillas, las puertas…” Pues algo parecido. "Mamá, me llaman dogmático. ¿Y que hice? Arrojarles a la hoguera".
            Este es un nuevo ejemplo de una tendencia que no figura entre las preocupaciones de nuestros conciudadanos en los barómetros del CIS, pero que a algunos nos preocupa mucho: la creciente censura ideológica ejercida mediante el activismo, que lleva a la intolerancia en pro de la tolerancia, a la radicalización en lugar del diálogo. Y, lo que es más inquietante, el creciente número de jóvenes dispuestos a dejarse agitar y embestir contra quien haga falta sin necesidad de debatir la cuestión.
           Pero no hay muchos intelectuales que se atrevan a denunciar esta tendencia contemporánea, hace falta uno que esté de vuelta de todo, y que ya no le importe ser proscrito en determinados foros. ¿Se retractará al Premio Nobel, Premio Cervantes y Premio Príncipe de Asturias de sus palabras ante las amenazas de la Juventudes Socialistas de La Rioja? ¿Accederá el actual equipo de gobierno de la UR (sensibilizado con la doctrina de género, que anima a los profesores a aplicarla en el aula) a llevar a cabo este castigo ejemplar? El tiempo lo dirá. Pero a mí hay una pregunta que me inquieta aún más. ¿Se acordará el ilustre escribidor hispano-peruano de ochenta y dos años (muy bien llevados) que hace once pasó por Logroño?

VLl es investido en 2007. Foto UR



domingo, 25 de marzo de 2018

Confesiones de un autor en postparto (II)

Hace unas semanas reconocía en este blog mi estado de complicaciones postparturientas como resultado de haber dado a luz una nueva novela. Por si alguien se quedó preocupado, estoy bien, gracias. Creo que sobreviviré. Confirmo haber padecido esta curiosa enfermedad anímica, pero con menos virulencia que antaño. Igual estoy madurando…
Pero, ¿se ha curado por completo?, me preguntaréis. No, todavía no. Y la responsabilidad paternal que siento hacia mi neonata criatura (que el moralista de pacotilla aludido seguirá llamando “ego”) me sigue empujando a promoverla por mi cuenta, y esto no contribuye mucho a la completa curación.
He conocido a escritores –acaso más jóvenes y/o más profesionalizados– que disfrutaban con la campaña de promoción que sigue al alumbramiento, con las entrevistas y las presentaciones. Yo cada vez menos. Y en ocasiones me pesan más los sinsabores que las alegrías recibidas, aunque estas tengan más entidad.
Por ejemplo, hasta la fecha he organizado cuatro presentaciones, dos en Logroño, una en Santander y otra en Madrid. En todas he seguido un formato similar: una conversación distendida con una persona amiga y excelente lectora, sin preparación previa al acto, como fluyera. En todas nos lo hemos pasado muy bien, y creo que los asistentes también. Además, he recibido el calor de personas, algunas apenas conocidas, que han recorrido varios kilómetros en una tarde de lluvia y frío invernales (factor común de mis cuatro encuentros) para hacerme compañía. Otra fuente de alegrías ha sido (está siendo) la reacción entusiasta de quienes han leído la novela y me comunican con sincero convencimiento que les ha encantado. Sin duda hay mucha verdad en el título del último editorial de Fábula, firmado por Eugenio Sáenz de Santamaría: “Yo escribía para que me quisieran”. Para mí, la acogida de los lectores es lo mejor, sin duda, que me ha sucedido en mi trayectoria de escritor.
Con Rubén Abella en Madrid, 28 febrero 2018. Foto: Rosa Jiménez

Pero ya digo, el humor post-parto a veces engrandece más los (minúsculos) sinsabores, como toparme por enésima vez con el muro de opacidad informativa. Así, ningún periódico nacional en su sección de cultura o suplemento de libros se ha dignado dedicarle una línea a este libro, ganador de un premio de cierta entidad. Y tampoco me cuadran las reglas de tres. Si esta novela no es diez veces peor que la de X o la de Y (en ocasiones mi orgullo paterno me susurra que ni siquiera una vez), ¿por qué la de X o la de Y tiene dos trillones de veces (cifra no simbólica, calculada según los últimos métodos estadísticos) más de visibilidad? O ya a otro nivel más local, ¿por qué ninguna radio de La Rioja me ha llamado para dedicarme dos minutos de sus espacios culturales?
En estos casos noto mucho la ausencia de un editor que allane el camino promocional. He de aclarar que no tengo queja del sello cántabro Estvdio, que ha cumplido con profesionalidad la parte que le correspondía como responsable de la publicación de la novela ganadora, y acaso más. Pero las circunstancias no permiten que mi editor se dedique también a promover fuera de sus librerías de Cantabria.
            En fin, estas susceptibilidades pueden sonar un pelín amargas, pero os aseguro que no me afectan en demasía. También os confieso que me ha alegrado la vida el reciente reconocimiento del Ateneo Riojano. Mi novela ha quedado incluida entre las finalistas de la modalidad de narrativa del concurso del Día del Libro, que se fallará el 27 de abril. Lo digo por si alguien le quiere poner una vela a Santa Zita (que no es la que da y no quita…) Nunca vendrá mal.

domingo, 18 de marzo de 2018

CONTRATAR PROFESORADO



Hay ocasiones en las que no se pone solución a un problema porque, sencillamente, no se plantea como tal. Hacerlo así conllevaría admitir presupuestos incómodos o de difícil encaje. Se podrían poner varios ejemplos de esto, pero mencionaré uno que he presenciado esta semana.
En el pasado he expuesto en este foro los que juzgo posibles defectos en el engranaje de las universidades públicas españolas. Aunque quizá me llegue a arrepentir de mi vehemencia cuando sea mayor (si es que llego), declaro que mis críticas pasadas provinieron de un genuino deseo de que el sistema público de educación funcione y llegue a ser un referente,
            Creo que la clave del éxito de una empresa –quizá todavía más la pública– radica en una competente selección de personal, y de que este cumpla las expectativas sobre su valía y capacidad de trabajo. Es cierto que en los últimos años se han dado pasos para mejorar la transparencia y la igualdad de oportunidades en la contratación pública de profesorado universitario. Pero todavía pesan ciertos lastres; por ejemplo, la conveniencia de que el candidato acuda a la convocatoria bien asesorado y guiado por un padrino (o madrina) influyente.
            La comisión que juzga los méritos suele estar formada por tres miembros, y se puede dar el caso de que el profesor que ejerce de guía académico (director de tesis, de grupo de investigación, etc.) de algún candidato se halle entre los tres jueces, y como tal especifique el baremo según el que se valorarán los méritos de los participantes en el proceso y luego proceda a su aplicación.
            Pues bien, siempre me ha parecido una medida elemental de transparencia que, al igual que se recusa a un miembro de la comisión si es consorte, amante, amigo o enemigo manifiesto etc. de alguno de los participantes, se hiciera lo mismo con el director de tesis o de grupo. Con frecuencia hay un elemento de elección personalizada que puede llevar de modo natural a la parcialidad.
Recientemente he tenido ocasión de plantear esta objeción en una reunión para perfilar la normativa de una oferta pública de empleo próxima. Pero mi propuesta no salió adelante, ni siquiera recibió apoyos. La ley que contempla los motivos de incompatibilidad no entiende que una relación académica pueda propiciar un juicio parcial y requiera recusación.
Entiendo estos motivos, pero mi espíritu insatisfecho recuerda a ese puñado de personas brillantísimas que han pasado ante mi vista a través de los años, aquellas que no fueron seleccionadas en sucesivos concursos de méritos porque los baremos no les resultaron favorables. Todas habrían prestado servicios valiosísimos a la universidad pública española y habrían subido el listón. Pero se cansaron de tropezar y darse de bruces contra el sistema.
Donde quiera que estéis, os recuerdo. Ya sabéis quienes sois.

domingo, 11 de marzo de 2018

¿IGUALDAD O PARIDAD?



Todavía nos dura la resaca de las movilizaciones feministas del 8 de marzo, un “día histórico”, un “antes y un después”, como proclaman sus heraldos por doquier. Ciertamente hay que felicitar a quien haya estado detrás de esta iniciativa, a la eminencia gris (imagino que un ente más influyente que el movimiento “#Me Too”) por haber conseguido esta participación masiva. Y aunque ha sido una convocatoria internacional, hay que felicitar especialmente a las/los activistas españolas/es por el elevado índice de seguimiento, sin que lo empañe la consideración de que en España no nos cuesta tanto salir a la calle.

          No encuentro objeciones a los fines de la movilización, al menos tal como se presentan en la superficie. ¿Qué persona de bien no quiere que se elimine la discriminación, la brecha salarial, o que cese el maltrato a mujeres? Y estoy seguro de que los cientos de miles de manifestantes que salieron a la calle son personas de bien.
Pero a veces me da por sospechar que no todo es tan transparente o solidario en este asunto, y me entran miedos de que nos estén dando gato por liebre. Por ejemplo, desconfío de la letra pequeña que se incluye en las reinvindicaciones de algunas entidades organizadoras. Luchar por la igualdad de la mujer no va necesariamente en el mismo pack que proclamar el aborto como derecho universal, o manifestar reprobación pública a la Iglesia Católica. El feminismo es una ideología, no un dogma universal, y como tal tiene muchos puntos debatibles, y, lo que es más importante, tiene muchas derivaciones doctrinales que hacen que no exista un solo feminismo, sino muchos. Y algunas de sus variantes más radicales promulgan un credo de odio que, si acaba imponiéndose, perjudicará gravemente sobre todo a las mujeres.
Tampoco me suele agradar que los creadores de opinión pública me impongan cuáles son los problemas que me tienen que preocupar en cada momento, al tiempo que nadie habla de cuestiones que de verdad son alarmantes. Ahora, de súbito, la brecha salarial ha irrumpido en la primera línea de nuestros quebraderos de cabeza nacionales. Y, como amenaza en ciernes, se empieza a popularizar un discurso que, más allá de proponer la necesaria concienciación ciudadana, justifica las multas y sanciones a las empresas que no acaten la paridad.
Relacionado con esto, sigo pensando que forzar la paridad mediante medidas coercitivas, además de otras problematicas, supone un grado máximo de condescendencia con las mujeres, en el fondo muy contradictorio con el fin perseguido. Si en igualdad de condiciones, o incluso en inferioridad, se contrata a una mujer por el hecho de serlo, se está cayendo en un acto de paternalismo bastante machista, aunque se disfrace de feminismo. Cuánto mejor para la autoestima de una mujer es que conquiste su puesto de responsabilidad a base de formación, mérito y trabajo. Así siempre sabrá que lo ha ganado por sí misma.
Entiendo que la raíz de la brecha salarial es que las mujeres ocupan menos puestos de responsabilidad a día de hoy, y por tanto están peor remuneradas. Pero el proceso de superar esto ya está en marcha y es imparable. El futuro es de las mujeres sin necesidad de que se les hagan hoy concesiones paternalistas. Propongo un símil de deporte escolar, imperfecto como todos los símiles. Si juega al baloncesto un equipo de jugadores de doce años contra otro de quince, sabemos quién va a ganar hoy. Pero dentro de tres años los primeros habrán crecido tanto o más que los segundos, y ya podrán enfrentarse en igualdad. ¿Hay que cambiar las reglas para que ganen hoy los de doce, o esperar a que sepan ganar por sí mismos?

domingo, 4 de marzo de 2018

MESAS REDONDAS DISTÓPICAS



El martes 27 de febrero participé en una mesa redonda de escritores en el ”Congreso Internacional de Narrativas Distópicas: De 1984 a Los juegos del hambre”, organizado por la Universidad San Pablo CEU en Madrid. Tuve el privilegio de compartir la mesa con dos escritores de primera fila, José María Merino y Lorenzo Silva. Conocía bien a ambos, no solo como lector sino también como anfitrión. Ambos vinieron a Logroño en dos ocasiones cada uno para presentar diferentes números de Fábula, y en otras de sus muchas charlas en nuestra tierra acudí como oyente y me sumé a los respectivos comités de acompañamiento por los bares de la calle Laurel.
          De nuevo comprobé que ambos escritores son además excelentes oradores (lo segundo no está garantizado por lo primero), y sin duda su pericia oratoria se ha visto acrisolada por sus incontables participaciones como ponentes en miles de foros. Así, mientras yo llevaba seis o siete folios con anotaciones sobre el pasado y presente de las narrativas distópicas, Merino desdobló una cuartilla que apenas necesitó, y Silva irrumpió en la sala con una mano en el bolsillo y otra sujetando el chorreante paraguas (en los dos días que pasé en Madrid llovió más que en todo el año).
  
Foto: C. Prendes
       
El debate pronto se despegó de la ficción y derivó hacia el carácter distópico de nuestro presente actual: los desplazados por las guerras, el calentamiento global, la basura marina y espacial, los manejos de los grandes grupos económicos... En más de una ocasión intenté regresar a la narrativa distópica, pero no tuve mucho éxito. Mucho menos puede hablar umbralmente de mi libro Solo yo me salvo, un ejemplo de distopía y, creo, la principal razón por la que había sido invitado a este foro. Pero pronto descarté la posibilidad; no venía a cuento (nunca mejor dicho).
          Pero en fin, el mundo está mal, señor Macario, y quizá resulte superfluo imaginar un mañana agorero, pues, como diría Radio Futura, ”el futuro ya está aquí”. Las nuevas tecnologías también salieron a colación como fuentes de inquietud. Lorenzo Silva, en concreto, confesó en público las razones que le han llevado a prescindir del Twitter a raíz de las incontrolables impertinencias o groserías de algunos interlocutores (algo que me recordó un tema de mi última novela, por cierto).
          En fin, el tiempo voló durante dos horas. No arreglamos el mundo, claro, pero lo intentamos. Merino y Silva se despidieron con premura –uno, al menos, a escribir su próxima ficción–, y pronto me quedé solo en el patio de la facultad con el paraguas y los zapatos mojados. Imagino que este encuentro será para ellos uno más entre miles que han protagonizado, y quizá ya lo hayan incluso olvidado. Yo, sin embargo, no me olvidaré tan pronto. No siempre tiene uno ocasión de compartir mesa con dos eminentes escritores. Aunque, si bien es verdad, ni siquiera en los tiempos del rey Arturo las mesas redondas eran completamente igualitarias.